Duendes esquivos, esperanza intacta
Esta navidad las musas se fueron para otras latitudes, se ve que Buenos Aires estaba fresquito y no quisieron quedarse.
No sé si por tristeza o por ganas de que el 2011 termine. Fue un año lleno de angustias y sinsabores, un año para olvidar, es por eso que no escribí para Navidad, me refugié en la oración en meditar sobre el nacimiento de Jesús, y en convencerme que era un tiempo de renovación interior.
Nada me inspiró ni una palabra, pero esperé en el silencio. Me preguntaba dónde estaban los duendes de la navidad. Los veía de lejos, pero me esquivaban la mirada; por eso que me dejé llevar por los sentimientos, pero el impulso no acudía a la cita, me sentaba frente a la computadora y aunque quería escribir, la famosa crisis de la pantalla en blanco me enceguecía el corazón.
Fue así que decidí no obligarme, que aunque los duendes miraran para otro lado, supe que debía bucear dentro de mi corazón y buscar la razón por la que siempre escribí.
A veces es difícil buscar la lógica en mis pensamientos. Hoy vuelvo a escribir de la manera más insólita. Comencé a pensar que el 2012 era bisiesto, y popularmente se etiqueta este acontecimiento que llega cada cuatro años, como un año plagado de desgracias y de mala suerte.
Mi 2011 fue el año para guardar en la carpeta de “experiencias dolorosas para no volver a repetir”, y mágicamente recordé que los años bisiestos para mí particularmente eran años de suerte en su mayor parte, y que el año previo siempre fue plagado de desgracias.
Por eso hoy vuelvo a escribir, porque el recuerdo me trajo la esperanza de que el 2012 sea un año en el que pueda volver a sonreír, que sienta esos momentos especiales, que como un día se lo describí a alguien “es un instante en que sentís que Dios te pone la mano en la nuca, y sólo tenés que dejarte llevar”.
No espero nada en especial, quiero que todo me sorprenda, que vuelva a tener la esperanza que tenía de niña que ansiosa esperaba ese día de verano que mi papá no viajaba ni trabajaba y me lo dedicaba a mí para llevarme al Ital Park.
El 2012 voy a esperar el día del Ital Park, por supuesto que es un símbolo, papá ya no está y el Ital Park tampoco, pero quiero que la vida me sorprenda y me arranque la misma risa feliz e inocente que me acompañaba por esos tiempos.
Les deseo de corazón, el avivamiento en sus vidas, que Dios los vivifique en este 2012, y que los sueños, se hagan realidad.
FELIZ AÑO NUEVO
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Querida Patricia; a veces los duendes esperan a que la paz regrese a nosotros y se quedan a distancia, mirándonos, espiándonos, reteniendo contra sus pechos la gracia que alegremente suelen darle a nuestras manos para que podamos decir lo que nuestra lengua no sabe cómo, expresar lo que a nuestro corazón le duele tanto. Esperan e, inesperadamente, cuando creemos que la aridez nos ha invadido el alma y ya no seremos capaces de decir nunca nada que le importe a otro, vuelve la magia y con ella el arte de la palabra transformada en rezo, en vuelo. Nos devuelven a ese estado imposible de describir (entre la vigilia y el sueño) que nos regresa a nuestro mundo haciéndonos humanos y también ángeles. Me alegra que te hayan regresado tu magnífico don.
Feliz Año 2012 y que todos los hados te protejan y te devuelvan la risa de niña y el parque de ensueño. Un gran abrazo
Estimado Carlos:
Es un honor que hayas comentado en mi blog. Realmente te admiro y cuando me encontré con tu maravilloso comentario, me hizo pensar que un duende me guiñó el ojo.
Tus palabras son un regalo maravilloso para despedir este 2011 y recibir el 2012 con esperanza.
Muchas gracias!!! Feliz 2012 para vos, y que sea un año lleno de éxitos.
Un beso,
Patricia