Alguien dirá: ¡qué vaga esta señora que pretende divagar!, pero yo le contesto: divagar es más que necesario, principalmente para una escritora.

¿Dónde estarán esos tiempos en que los buenos artistas sobraban por los cuatro costados? Si bien hoy hay mayor cantidad de habitantes en nuestro querido planeta, las musas creo, se han mudado de galaxia. Algunas viejas, pensaron que la mudanza era un poco dura a su edad, en consecuencia, en la tierra tienen más trabajo.

Últimamente me cuestiono la falta de talento, ojo, no desapareció pero convengamos que es bastante más escaso, comparando población y épocas.

La tecnología creció, quizá los que hoy andamos por los cuarenta y cincuenta, tengamos una visión muy diferente del mundo, vivimos en el mismo tiempo, en que nuestras madres se tapaban las rodillas y Mary Quant imponía las minifaldas. Nos deleitábamos con los relatos de Ian Flemming, y hoy usamos teléfonos móviles igual que Bond… James Bond. Crecimos con el desarrollo, disfrutamos la paz de tener canales de aire en blanco y negro, y la ansiedad de hoy de tener ochenta canales en colores. Vimos computadoras en series de televisión que ocupaban una habitación, y hoy tenemos una portátil.

A veces le cuento a mi hijo como era mi mundo a su edad (tiene siete años) y se ríe diciéndome: -mami, me estás mintiendo-. Creo que si escribiéramos un cuento infantil, comenzando con el Había una vez… y luego contamos historias reales de cuando éramos niños, como todos van a creer que es fantasía, vamos a lograr editar un Best Seller.

Pero la diferencia es que éstos tiempos han perdido mucho. ¿Por qué? Porque podíamos divagar. Recuerdo a mi abuela, que día a día se sentaba a conversar con sus vecinas, lavaba la ropa a mano, cocinaba como el mejor chef (siguiendo las indicaciones de Doña Petrona en Buenas Tardes Mucho Gusto) limpiaba su casa, planchaba y encima miraba telenovelas. Hoy, para tomar un café con mi vecina que vive en el mismo piso, tengo que mirar mi agenda. Hace meses que decimos: “tenemos que charlar” y hasta ahora se nos ha hecho imposible.

Ya en mi generación, el talento comenzó a bajar. ¿Por qué? ¿Se imaginan al Dante consultando su agenda para conversar con alguien? O a Shakespeare diciendo: “hoy no puedo escribir, porque tengo que ir hasta las oficinas de mi proveedor de Internet porque me facturaron de más”. No señores, éstos grandes como eran los mimados de los nobles, se paseaban todo el día por los castillos prestados, y entonces, rodeado de belleza y sin preocupaciones, las musas se instalaban y los llevaban a escribir maravillas o a componer óperas, sinfonías, etc. en el caso de los grandes músicos.

En algunos años más, la situación va a ser caótica, las nuevas generaciones no usan la imaginación, hoy con una consola o una PC pueden viajar, amar, escapar e inclusive matar, sin necesidad de pensar una simple estrategia.

Cuenta una leyenda, que una vez un hombre tuvo una idea. Recorrió muchas productoras de cine para contarla, y nadie lo escuchó. Cansado de peregrinar con su idea a cuestas, irrumpió en un set de filmación con su grito de guerra “¡Tengo una idea!”. El director, decidió escucharlo. Al tiempo, filmaron esa idea y se convirtió en un éxito de taquilla. Pasaron los años, y la misma empresa productora que otrora había tenido éxito con esa “idea” filmaba fracaso tras fracaso. Organizaron un comité de crisis y llegaron a la conclusión que había que buscar al hombre de la idea. Lo buscaron, y cuando lo encontraron le dijeron: “queremos una idea ya, y le pagamos lo que pida”. Su respuesta fue: “denme el dinero, yo voy a viajar, y les enviaré mis ideas. Las ideas no se construyen con solo pedirlas, hay que alimentarlas, hasta que nacen”.

Y así vamos por la vida los artistas de hoy, conviviendo con musas ansiosas, que soportan que en vez de escucharlas, en una parada de colectivo, dentro de un taxi o donde sea, estamos pensando en los tejes y manejes del gobierno, el la inflación, en la maestra de nuestros hijos, en el aumento de la cuota del colegio, etc.

Por eso, quisiera tener un tiempo para divagar, para ponerle alas más grandes a mis personajes, y que puedan volar más alto. ¿Acaso creen que soy vaga?

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