Anoche fue el cumpleaños de mamá, y como ya hace tiempo en la familia no lo celebramos en casa, decidimos ir a comer afuera.

Entre cambios de palabras con mi hermano sobre adonde ir, el eligió La Dorita en Palermo Hollywood.

Hacía tiempo que no iba a un lugar tan feo, decorado con un estilo pseudo antigua cantina de la Boca, el revestimiento de maderas podridas y apoliyadas, nos trajo una alergia espantosa.

Los que comieron parrilla, no se quejaron pero yo que opté por las pastas, estaban espantosas, se sentía que la masa estaba mal antes de cocinarlas. La espera, eterna entre plato y plato, y los mozos que entre ellos se llaman “boludo” es para no ir nunca más.

Los precios, caros, están al nivel de un buen lugar en el que se come bien.

Como postre pedí unas frutillas con crema, las cuales ni siquiera estaban maceradas con azúcar, conservando su acidez natural y a la crema le faltaba batido y le sobraba azúcar.

En fin, La Dorita, no vas a contar nunca más conmigo.

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