Ayer me enviaron un delicioso texto de Eduardo Galeano, (que luego me enteré que no era de el, ver las desmentidas) llamado Por qué todavía no me compré un DVD, donde hace una maravillosa comparación de nuestros viejos tiempos (los que pasamos los cuarenta) a los tiempos modernos. En ese texto habla sobre nuestra cultura de guardar todo, comparando a estos tiempos donde todo se tira, un celular dura seis meses, una computadora un año, y los que nacimos desde la década del 60 para atrás estamos acostumbrados a guardar.

Lo que yo extraño de otros tiempos, era la libertad de salir a la calle, sin temor a que alguien te asalte o te mate. Recuerdo las noches calurosas que quienes se criaron en un barrio me van a entender, que uno se sentaba en el umbral de la puerta (los más osados se llevaban una silla) y hasta la madrugada seguían las charlas de vecinos. Una noche, en que Radio El Mundo se estaba incendiando, nos habíamos sentado en el umbral de la casa de mi abuela. Mi padre, que era locutor de esa radio, era conocido en todo el barrio desde chico, en la radio era Juan José Sierra, pero en el barrio era “el Coco” o “Coquito”. Eran como las dos de la madrugada, estábamos mi papá, mi abuela, Isolina una vecina gallega, mi hermano y yo con muy pocos años; de repente, una vecina sale de su casa corriendo gritando ¡Coquito! ¡Coquito!… y aún recuerdo la cara de felicidad de la señora cuando vio que mi papá estaba ahí y no achicharrándose adentro del incendio.

A la vuelta del colegio, después de hacer los deberes, ibamos a jugar a la calle, donde mamá solo nos llamaba para tomar la leche, volvíamos, después seguíamos jugando, y ya la última llamada era para bañarnos, cenar y dormir.

Hoy nuestros hijos no tienen calle, son niños encerrados en departamentos, que no pueden estar solos fuera de el, es por eso que ante un mínimo rasguño, lloran como si los hubiera atropellado un auto, son chicos que no se han lastimado. Mi hijo tiene siete años, yo a su edad ya había sufrido una fractura, ya me habían tenido que dar puntos y mis piernas parecían un mapa de los moretones, los chicos de hoy no se lastiman, no se ensucian, no juegan… tienen mucha tecnología, pero les falta libertad.

Cuando me siento ahogada, quisiera meterme en el tunel del tiempo y llevar a mi hijo, seguro que tendría una infancia mucho más feliz.

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