Carlos Marriera nació en Lules, pcia. de Tucumán hace 21 años. Oriundo del mismo pueblo que Ramón “Palito” Ortega, quien de ser cafetero conoció “La Felicidad” como cantante, pasando por ser el empresario que trajo a Frank Sinatra a la Argentina, y llegando a ser gobernador de su provincia.

¿Carlos tendría los mismos sueños que Palito? No lo sé, pero tenía 21 años y una vida por delante.

Quizá Carlos soñaba con viajar, conocer la Capital. La posibilidad era redondita, lo llevaban con un micro a Buenos Aires, iba a tener comida, ya que le iban a pasar el “ragú” con dos sandwichs y una gaseosa, y con los $ 100.- para hacer de extra en la plaza, a lo mejor le podía comprar un regalito para la vieja en Buenos Aires, y llevar unos manguitos a Lules para parar la olla ya que Carlos, no tenía trabajo, y aunque el gobierno grita a cuatro vientos que creó 4.000.000 de puestos de trabajo, ninguno de esos era de Carlos.

Carlos tenía 21 años, sueños y toda una vida por delante. Había terminado la secundaria el año pasado, y estaba buscando “un laburito” mientras decidía qué iba a estudiar. Quizá cuando se durmió en la quinta fila de ese micro que lo traía para conocer Buenos Aires (uno de los 21 micros que se despacharon con extras desde Tucumán), soñó con quedarse en la Capital, y por qué no, llegar a ser un señor respetado, adinerado e importante como Palito Ortega.

A las 5:30 de la mañana, vio por primera y última vez, la Buenos Aires que soñaba conocer. Se bajaron en el Congreso y caminaron por Avenida de Mayo hasta la Plaza, llamó a su mamá, y le dijo que estaba bien, que era un día radiante.

Carlos no imaginó que ese llamado era el último, poco tiempo después, a las 11 de la mañana, sufrió el trágico y absurdo accidente, que le arrebató sus sueños, su juventud, su vida.

Ni siquiera se suspendió el acto por la vida de Carlos, en el deporte cuando hay un muerto, se suspende la competencia, pero acá se siguieron colgando pasacalles, carteles y el baile siguió por una absurda demostración de poder.

Los médicos hicieron lo posible para salvarle la vida, el SAME tardó apenas 4′ y luego el médico tuvo que eludir las agresiones de manifestantes completamente alcoholizados. Fue trasladado al Hospital Argerich, donde tengo la plena seguridad que se hizo todo para salvar su vida, pero ya era tarde, su vida le costó $ 100.-, dos sandwich y una gaseosa.

Sólo hicieron un minuto de silencio. ¿Un minuto de silencio con el cadaver todavía caliente?

Espero que Carlos encuentre paz, cosa que su familia no la va a tener, pero… ¿intentar torcer el brazo de millones de personas vale una vida? ¿Hasta donde piensan llegar por el absurdo del poder?

Que Dios nos proteja.

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