Estas dos semanas de vacaciones de invierno, me voy a tomar vacaciones de la actualidad, ya que mi mundo se enfoca en la niñez, espectáculos, etc. así que me voy a limitar a comentar lo que vivo y veo.

Estas dos semanas, se dificulta andar por la calle, los chicos brotan de las paredes y no se puede caminar.

Cuando era chica, no había ninguna obligación de que nuestros padres nos llevaran a cuanto espectáculo existiera en cartel, pero ahora, los chicos quieren divertirse.

Imaginen mi situación, señora grande, con sólo un hijo que además de todo es buen alumno, no es travieso, se porta muy bien durante el año escolar, pero en vacaciones sufre del síndrome del hijo único así que en este período la casa se llena de niños que con sus gritos llenan la paz del hogar.

Estos días no tengo tiempo de leer los diarios, escuchar la radio o la televisión, es tiempo de niños, regalos, teatro, diversión, fast food, gracias que puedo escribir este post, mientras se están peleando al lado mío porque quieren jugar al cuatro en línea y son tres.

Pero a no desanimarse, mi única queja es que cambia la rutina, pero hay cada uno… hoy tomo un taxi con tres niños, y el energúmeno me empezó a gritar porque los chicos sacaron un turrón, diciéndome que el había educado a sus hijos para que coman en la casa, que en el taxi estaba prohibido comer, le contesté que no sabía que era un nuevo decreto de la municipalidad, pero si mi maldición le llegó, le debe haber subido un chico que le haya vomitado todo el taxi. El radiotaxi se llamaba París, y la licencia del señor era 25355. No tengo certeza de que fuera un taxi legal, ya que sé que deben llevar dentro de la cabina la habilitación, y lo único que tenía a la vista era una estampita de San Expedito.

Pero otra de las cosas que hacemos las mamás, es aprovechar las vacaciones para pasearnos por todos los médicos. Desde que empezaron, ya fuimos al pediatra, al oculista, al traumatólogo, a hacer una evaluación con una terapeuta, y la cosa sigue.

Hoy aproveché a hacerme análisis de sangre, radiografías de columna, todo lo que tenía pendiente. De paso, llevé a Milton al oftalmólogo, y a la salida fui a desayunar. Fuimos al Bar Iberia en Salta y Av. de Mayo. El lugar es muy lindo, pero no trabajan con ninguna tarjeta ni de crédito ni de débito. Los precios, no son solo para efectivo, un café con leche con tres medialunas cuesta 9 pesos, y la verdad es que el café no es rico, y te lo traen preparado, o sea que un café con leche es en realidad un cortado doble. Mi hijo pidió un submarino que cuesta 8 pesos, y se lo traen en un jarrito de capuchino, o sea, ahorran mucha leche en ese lugar. También funciona a modo de restaurante con minutas y pizza, y tienen platos que llegan a costar 30 pesos. Me parece que el Bar Iberia, debería meditar implementar el cobro con tarjetas, de crédito o débito. No son tiempos para llevar tanto efectivo encima.

Bueno, los dejo porque los niños acaban de inventar el fútbol-rugby, ya empiezo a pelearme con ellos, para que los vecinos no vengan a golpearme la puerta, en definitiva, vivimos en departamento.

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