Joseph Menghele
Joseph Menghele
Adolf Eichmann
Adolf Eichmann

FUENTE: EL PAÍS DE MADRID

Philip Kerr, es un escritor escocés nacido en Edimburgo en 1955, creador del detective alemán Bernie Gunther, popularizado en la trilogía de sus novelas “Berlín Noir” (compuesta por Violetas de Marzo, Pálido Criminal y Réquiem Alemán). Después de esa trilogía. Bernie Gunther vuelve en un nuevo caso, que esta vez, se desarrolla en la Argentina de Perón de 1950.

Su nuevo libro, “Una Llama Misteriosa” comienza un 14 de julio de 1950 cuando llega a Buenos Aires a bordo del vapor SS (sic) Giovanni el criminal nazi Adolf Eichmann. Viajaba acompañado de dos colegas. Uno era otra joya: el Sturmführer Herbert Kuhlmann, comandante de la 12ª división panzer de las SS Hitlerjugend. Del tercero se desconoce su identidad. Basado en este hecho real, Kerr sitúa a su detective Bernie Gunther como el tercer hombre; así que tenemos al bueno de Gunther, un tipo con conciencia, que odia a los nazis pero que se ha visto obligado, por su profesión, a trabajar con ellos, desembarcando en Argentina como uno más de los pardos evadidos del III Reich merced a la red de rescate organizada en connivencia con Perón (lo que el historiador Uki Goñi, fuente principal de Kerr, califica de “la auténtica Odessa”).

En la novela, Gunther es reclutado por los servicios secretos argentinos para resolver un turbio caso en el que está implicada la comunidad alemana. La trama hunde sus raíces en el propio pasado de policía del protagonista durante los estertores de la República de Weimar (la novela incluye capítulos de flashback en el Berlín de 1932) y en el crimen están implicados nazis fugados como Josef Mengele, Otto Skorzeny y el general Hans Kammler. La investigación llevará a descubrir terribles -y peligrosísimos- secretos.

Kerr, en una nota publicada en El País de Madrid confiesa que Eichmann en su novela aparece bastante banal, un tipo gris. “Su gran problema, real, es que no tenía dinero propio, y como el Gobierno de Perón estaba dispuesto a aceptar nazis -pero siempre que llegaran con fondos-, vivía en forma precaria. Estaba resentido con los otros, tipos que habían sido subalternos suyos incluso y que ahora vivían mucho mejor. Con Mengele, por ejemplo, no se tenían simpatía. Eichmann sentía que lo ninguneaba. En el contexto de los camaradas nazis en Argentina pasó a ser una figura sin interés, despreciado. Es casi una gentileza con Eichmann que lo secuestre el Mossad en 1960 y le devuelvan su importancia”.

No es difícil percibir de dónde le viene su vena para la ironía y el sarcasmo al detective Gunther. Y la capacidad de atar cabos: en Una llama misteriosa Kerr muestra un talento genial para mezclar realidad histórica y ficción. Todo el funcionamiento de la telaraña nazi es verosímil. O casi: eso de un minicampo de exterminio de judíos en Tucumán…

“No tengo pruebas, pero pudo pasar. En todo caso se merecen que lo invente: si aceptas ocho mil criminales de guerra nazis en tu país tienes que esperar que la gente se haga preguntas como ¿a qué se dedicaban?”.

Kerr aprovecha este vacío histórico, para imaginar una historia que quizá no esté muy alejada de la realidad.  En ese contexto, Kerr dice: “lo de que Mengele practique abortos a menores embarazadas por Perón también tiene asidero… “Es casi seguro que hacía abortos ilegales, es una de las razones de que lo echaran del país. Y Perón fue excomulgado sin que se explicara el motivo. Es un hecho que le gustaban las jovencitas a Perón”. Tuvo una amante oficial de 14 años a la que llamaba Piraña (!). “Y más de una, sin duda”.

Otto Skorzeny, el jefe de comandos favorito de Hitler, sale mucho, descrito como un bruto. No está claro para Kerr que, como dice la leyenda, se fuera a la cama con Evita. En la novela, el nazi la trata de “puta”. Kerr retrata a la mujer de Perón como una intrigante melodramática que no duda en meterse la mano de Gunther entre los pechos para atraerlo a su juego de intrigas.

La idea de llevar a su detective a Argentina surgió naturalmente, explica el escritor, “dadas sus malas compañías de las anteriores novelas”. Siempre quiso escribir, dice, sobre la Argentina de ese periodo y los nazis. “Me fascinaba la idea de una sociedad nazi en Buenos Aires, desconfiando todos unos de otros, recelosos y asustados de que los descubran”. La novela, es a ratos tenebrosa. Hay jovencitas evisceradas, picana, lanzamientos de presos desde un C-47 Dakota al Río de la Plata y a la fiancée judía del protagonista le retuercen sádicamente los pezones. “Son historias muy turbias, por eso el protagonista tiene que ponerle ese especial humor suyo, cáustico, negro: es su única manera de hacerse la vida tolerable. Su forma de rebelarse contra los nazis es ésa, las bromas, que bordean la resistencia activa”. Ese humor le da una frescura especial a las novelas de Kerr, tan amenas.

En Una llama misteriosa hay una historia de amor y un final que recuerda al de Casablanca, invertido. Ese final abierto no encontrará continuidad en la próxima novela de Gunther, If the dead rise not, que aparecerá en septiembre y que transcurre en 1954 en Cuba, en parte en casa de Hemingway, “sin nazis pero con mafiosos”. También habrá flashbacks a la Alemania de 1934, “un recurso muy interesante con el que das dos libros por el precio de uno”. En uno de los flashbacks de Una llama misteriosa, vemos a Gunther usando clandestinamente el baño de MagdaGoebbels y marchándose sin tirar de la cadena como protesta política. “Es mi propio sentido del humor, lo que yo hubiera hecho”, confiesa riendo Kerr.

Hay un pasaje en Una llama misteriosa en el que el detective acosa a Mengele por la muerte de una adolescente minusválida en el Berlín de los años treinta y el médico de Auschwitz no entiende cómo alguien le puede perseguir “sólo” por eso. Enfrentado a sus propios demonios, Gunther se aferra a concluir su vieja investigación, a enfrentar el mal en la medida de lo posible. “Si hay un mensaje es ése”, reflexiona Kerr de repente muy serio. “Nunca es inútil combatir la maldad”.

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