¡¡¡Si!!! Yo fui testigo, y no hablo del ciclo que hizo en los ’80 Arturo Bonín en Canal 13, hoy fui testigo en un juicio de una amiga que le inició una ex empleada doméstica. Hoy entendí el porque del estado de la justicia. Me senté, en principio me tomaron juramento pero no invocaron ni a Dios ni a la ley, me preguntaron si juraba decir la verdad, pero no había ni una Biblia ni una Constitución… ¿por quién juré? Luego de las preguntas de las generales de la ley (si tengo algún interés especial en alguna de las partes, si soy deudora o acreedora de alguna de las partes, etc.) comenzó a tomarme declaración un abogado. Después de hacerme las preguntas, yo respondía… hasta ese momento iban las cosas lentas, porque el abogado que me tomaba la declaración, tenía mucha lentitud no solo para tipear, sino inclusive para comprender mis dichos.

La abogada de la contraparte, me sugirió que sea más simple en mis dichos, no sé si me sugirió que el abogado del tribunal tenía algún problema de comprensión, pero los hechos, hechos son y teniendo un idioma tan bello y rico como el español, es absurdo ahorrar sustantivos y adjetivos, solo para que el señor escribiente pueda tipear.

Al presentarme el escrito para firmar mi declaración, me dí cuenta que los puntos no existían, el señor amaba los puntos y coma, si bien yo me enojo que ya no usan el punto y coma, esto era un total abuso.

Cuando expresé que todo estaba tan mal redactado y era inentendible lo que era lo que el señor había tipeado, la abogada de la contraparte evidentemente nerviosa, calculo que por dos motivos, el primero que es posible que no se esperara una declaración como la mía y el segundo era hormonal ya que cursaba el 6º mes de embarazo, intentó explicarme que en el escrito no se volcaban las preguntas solo las respuestas. Otra vez me pregunto… ¿por qué no usan el punto y aparte si hablamos de cuestiones diferentes?

En fin, se armó una revuelta, cuando yo quería cambiar cosas en la declaración, porque para ahorrar palabras el escribiente cambiaba el sentido de mis respuestas, la abogada de la contraparte comenzó a subestimarme diciendo que yo testimoniaba lo que el abogado de mi amiga me había pedido. Yo me cansé, y sugerí que de ahora en adelante, hagan un curso de oratoria para los testigos y otro de redacción para quienes toman testimonial. El abogado se enojó diciendo que yo lo ofendía porque el tenía muchos títulos universitarios. Me guardé mi opinión, podría tener muchos títulos universitarios, pero de redacción no sabía nada, en fin, lo que natura non da, la facultad de derecho non presta.

El abogado escribiente con la intención de afirmar que había estudiado, ignorando que la inteligencia poco tiene que ver con la erudición, hacía que el ambiente se caldeara. Me hicieron salir de la sala como cuatro veces, discutían, e inclusive llamaron al presidente del tribunal.

Cuando quise aclarar un párrafo, la abogada de la contraparte seguía insistiendo que había recibido instrucciones, entonces me enojé, le informé que me subestimaba y que después de todo, la que tenía que firmar el testimonio era yo, y que si no me permitía la aclaratoria no firmaba y punto.

Finalmente me permitieron la aclaratoria, aunque con esa redacción, cualquier interpretación es posible. ¿Será por eso que el país termina con veredictos incomprensibles?

No puedo darle un curso de redacción a los que toman declaratoria, pero cierro este post con una anécdota extraída de Vida de Sarmiento de Manuel Gálvez.

Domingo Faustino Sarmiento, en 1856 cuando era Inspector General de Escuelas, llegó a un establecimiento y comprobó que los alumnos eran buenos en geografía, historia y matemáticas pero flojos en gramática y se lo hizo saber al maestro. Éste, asombrado, le dijo:

-‘No creo que sean importantes los signos de puntuación’.

-‘¡Que no!… -respondió Sarmiento-. ‘Le daré un ejemplo. Tomó una tiza y escribió en el pizarrón:

“El maestro dice, el inspector es un ignorante”.

-‘Yo nunca diría eso de usted, señor Sarmiento’.

-‘Pues yo sí’, dijo tomando una tiza y cambiando de lugar la coma. La frase quedó así:

“El maestro, dice el inspector, es un ignorante.”

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