¡Estoy en Brasil! No es necesario que lo repita, ya lo dije hasta el cansancio pero de lo que no hablé, es que en este viaje me encontré con un Brasil diferente, un Brasil que invita a quedarse a vivir.

No voy a hablar de cifras porque no soy economista y desconozco el manejo de los índices, además no se olviden que soy de Argentina, y acostumbrada al Indec de Moreno, siempre las estadísticas son sospechosas y huelen mal, simplemente hablo de sensaciones que dicho sea de paso, no existe la de inseguridad.

Primera sensación

Un pueblo que no se queja, es el primer indicio de que las cosas funcionan bien, la gente sonríe, clase alta, media y baja, nadie habla mal del gobierno, un clima extraño para una argentina, es más, el vicepresidente José Alencar que está en funciones ya que Lula está viajando, fue operado de cáncer, lleva varias operaciones. La gente estaba preocupada por su salud, admirándolo por su lucha contra el cáncery rezando por su recuperación. ¿En Argentina rezaríamos por la recuperación de alguno de los políticos en funciones?

Segunda sensación

No necesito caminar con mi hijo agarrado de la mano. Mi hijo acá es libre, no existe la inseguridad ni la sensación de ella (estoy en Brasilia, no opino de Sao Paulo que en este viaje ni siquiera lo pisé), lo dejo caminar solo. El otro día salimos de un restaurante, y se volvió al departamento a 5 cuadras con sus tíos que no son mayores de edad, mi hijo tiene 9 y sus tíos 10, 14 y 17. En Buenos Aires no se puede dejar a un chico de 9 años sin que sientas una angustia de la que pueda derivar un infarto. Mi hijo acá se maneja tranquilo y yo no estoy obsesionada para saber donde está, ni siquiera le cuelgo un celular del cuello para llamarlo si se retrasa como en Buenos Aires.

Tercera sensación

Se acabaron las villas, ¡Si! Gracias a un plan que hizo Lula que se llama “Minha Casa, Minha Vida” en la que todo el mundo puede acceder fácilmente a la vivienda, y si sos clase media, la Caixa Económica te financia el departamento de tus sueños, el 100%, no el 70% como en Argentina, los intereses son muy bajos, y un departamento de 4 ambientes y dependencias en un predio que no solo tiene piscina y SUM como los que abundan en Argentina, sino que además cancha de fútbol, de voley, gimnasio con profesores, sauna, hydro, sala Lan, cine y un montón de cosas más paga una cuota de crédito más baja de lo que yo pago del alquiler en Buenos Aires por un 3 ambientes en Almagro, y las expensas que incluye todo, más seguridad, son solo de $ 400,-

Cuarta sensación

Antes de viajar, estaba preocupada porque el cambio no nos favorece, pensaba que iba a necesitar mucha plata para vivir, pero acá me encontré con la sorpresa de que un kilo de azúcar cuesta un peso con veinte centavos de argentina, con lo que en Buenos Aires se compra un kilo de arroz, acá se compra seis.

Quinta sensación

Si cuando venía a Brasil extrañaba la carne argentina, ese problema Lula me lo solucionó. Con los aportes que el gobierno hace al campo (igual que allá¿?) se investigó durante años la forma de tener carne blanda y con buen sabor, cruzaron razas, investigaron cuando el novillo estaba a punto para lograr una mejor carne. Hoy, la carne brasileña no tiene nada que envidiarle a la argentina.

Puedo llenar mi blog con mis sensaciones, pero si están pensando en las vacaciones, Brasil es una de las mejores opciones, no les tengan miedo al cambio, ya que acá los precios son justos, no abusivos como en Argentina.

Que Dios bendiga nuestra sufrida Argentina, y nos envíe un presidente como Lula.

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