Esa es la sensación que tengo, en referencia a los/as cuarentones/as que se cuelgan de las redes sociales. A ver, soy cuarentona y estoy en red…ada pero con el filtro que me dan los 46, es decir, ya no estoy para dar malos ejemplos, sino buenos consejos.

El uso de las redes dosificado, es bueno para la dama y el caballero, pero… ¡Ay de los que se quedaron con asignaturas pendientes! y no hablo de el/la “me debería haber casado con…” porque todos los romances filtrados por el tiempo, se recuerdan maravillosos y mágicamente desaparece cada lágrima derramada en el pasado por la persona en cuestión, pero sí hablo de la asignatura pendiente de no haber vivido lo que debíamos en su momento, las que se casaron jóvenes, los que estaban en el lugar y momento equivocado, y entonces… al aparecer estas redes, se sienten como la canción de Violeta Parra:

Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente,
volver a ser de repente
tan frágil como un segundo,
volver a sentir profundo
como un niño frente a Dios,
eso es lo que siento yo
en este instante fecundo…

Y claro… uno los ve chateando, mezclándose con gente que combatieron toda su vida… y ahí quedó, por una quimera una vida fértil que por descuidarla se seca y muere.

Es triste hacer comparaciones, un adolescente corriendo un colectivo llega a alcanzarlo sin problemas, los cuarentones ponemos cara de bronca porque se nos va, y encima nos duelen las piernas.

El tren se fue, es hora de quedarse en el lugar en que nos establecimos.

Anuncios