Se fue uno de los más grandes, Rubén Juarez

Hizo reír y llorar al bandoneón, era puro corazón y cada vez que desplegaba el fuelle ponía su alma en el escenario.

Se nos fue un tanguero de lujo. Llegó desde Córdoba a Buenos Aires, en tiempos en que los tangueros creían que Astor Piazzolla estaba cambiando las cosas, y el morocho cantaba y además tocaba el bandoneón.

Fue una auténtica figura popular, mostró condiciones de compositor y con la audacia de los grandes artistas, supo amalgamar texto, música, canciones y propuestas. Sus arreglos, inconfundibles llevan el sello de un cordobés que se ganó el Obelisco por derecho propio.

Las veces que tuve la dicha de verlo con su bandoneón blanco, me emocionaba su interpretación y su autoridad en escena. Ese era Rubén Juarez, el que cada nota que tocaba la vivía desde el fondo de su alma.

Hoy se fue, siendo uno de los grandes del tango. Su recuerdo perdurará por siempre cuando el fuelle respire dándonos las notas de su corazón.

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