Este blog se está transformando en las desventuras de una recién divorciada.

Dicen que soy linda, yo no debería decirlo, pero sinceramente recibo muchos piropos por la calle, al menos me levantan mi autoestima.

Hoy diluvió, de todas maneras, a pesar de el agua que caía como ducha de casa de ricos, decidí hacer mi periplo diario caminando, desde el colegio de mi hijo en Perón y Junín hasta mi trabajo en Lavalle y Florida.

Ahí andaba yo, casi cantando “I’m singing in the rain…”, paraguas que no servía de mucho, jeans, botas, y una campera de lluvia roja con capucha.

Creo que escuché decir de cada señor que pasaba a mi lado, más algunos que me lo gritaban desde un auto “Caperucita Roja”. ¿Se habían puesto de acuerdo? ¿O la creatividad porteña no dá para más? No quiero exagerar, pero creo que lo escuché veinte veces.

En fin, ninguno era el lobo feroz, sino que parecían corderitos famélicos con ganas de hincar el diente y salir corriendo.

Muy mal, a ver si levantamos la puntería y decimos cosas más creativas que movilicen el corazón (o la sexualidad) de una mujer.

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