De repente llega, algo que nunca sospechábamos que podría existir, la edad en que la fertilidad se va alejando, y acá estamos, aunque no haya arrugas los estrógenos se fueron de garufa y tenemos las mismas posibilidades de los hombres de sufrir un infarto.

Es increíble el paso del tiempo, tenemos la edad del corazón, la edad de la mente y la edad física. Mi documento cuenta los años que tengo, pero aunque parezca extraño, hace diez años me sentía mucho más vieja que ahora, es más si me remito a las fotos, diez años atrás representaba veinte años más de los que tenía, y ahora represento diez menos de los que tengo, o sea que a pesar de que mis menstruaciones se alejan cada vez más, mi mente usa mecanismos desconocidos para no arrugarme y para que todo siga en su lugar. No sólo lo que se ve reluce, también bajó mi colesterol, mis triglicéridos y desapareció mi Síndrome de Resistencia Insulínica.

No solo renazco físicamente, sino que mi enfoque de la vida es diferente. Con el correr del tiempo vemos que nuestros grandes fracasos sentimentales son la consecuencia directa de intentar cambiar al ser que tenemos a nuestro lado, conocemos a alguien, pintamos su alma con nuestros colores, y cuando el desgaste hace desaparecer la pintura y ya no tenemos más ganas de pintarlo nuevamente, salen a relucir los colores propios de quien elegimos no por ellos, sino por los que nosotros pusimos en él.

Y ahí comienzan las desilusiones amorosas, que en realidad no te desilusiona la otra persona, sos vos que le habías puesto adelante la foto que querías, y cuando te diste cuenta que te habías enamorado de un cartón pintado, sale una persona que ni siquiera conocés.

En mi madurez decido no maquillar a quien tengo enfrente, o sea, take it or leave it, o lo acepto o lo dejo ir, esos son rasgos de madurez, que espero me hagan la vida más fácil.

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