Día con mucho sol, no era extremadamente caluroso, pero sí para meditar en el por qué uno comienza o sigue determinadas relaciones.

Haciendo un exhaustivo recordatorio de mi pasado, no como un memoria y balance de fin de año pero como un análisis de lo que nos llevó a nuestras frustaciones, me dí cuenta de que la mayor parte de mis relaciones vienen de la mano del miedo.

Miedo a quedarse soltera, miedo a no ser mamá, y después de haberse casado y tenido un hijo, llega el miedo a la soledad.

Me pregunto por qué alguien que hace más de una década y un lustro no querías tener a tu lado, qué es lo que te lleva siquiera a compartir una mesa con esa persona. Alguien que te ayudó a sufrir generosamente, no tiene porqué quince años después traerte felicidad, y la pregunta es, por qué uno acepta esas salidas? Por miedo.. por miedo hacemos todo.

También con miedo educamos a nuestros hijos, si no estudiás no jugás a la play, y el chico hace que estudia para que no le saques la play, no porque sea su obligación.

Me parece que estamos haciendo las cosas mal, es momento de subsanar los males. Prefiero compartir mis noches con la soledad, antes que volver a poner el pie en el mismo pozo,  para simplemente estar acompañada, de algo peor que la soledad.

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