Quienes me conocen desde hace muchos años, saben que heredé de mi padre la búsqueda constante de la paz espiritual, legado que se me dificulta encauzarlo viviendo en una metrópolis como es Buenos Aires, pero el desafío es abstraerse de todo lo externo e internarse en el yo para poder encontrar la llama azul interior, la más noble, desde donde todo se puede.

Últimamente mis energías o mi querer “Ser” me están ayudando sin buscar a encontrar la verdad, y sé que quizá el secreto esté en el amor, pero no solo en el amor de pareja, sino en poner amor a todo lo que hagas, lo que digas, a lo que cuides.

Cuando hay amor, todo se puede, todo se logra.

Mi búsqueda espiritual me ha llevado a experimentar diferentes caminos, religiones, y de todas he sacado algo. ¿Será que el secreto está en la primer carta a los Corintios C 13?

La Preeminencia del Amor

Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profesía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.

El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá, porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas; la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.

Fé, Esperanza y sobre todo Amor, es el camino.

 

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