Editorial del Programa del 28/01/2011

Las mujeres  pasamos diferentes etapas en nuestras vidas, si bien todos los tiempos han sido parecidos en lo que respecta a los sentimientos, algo se modificó en los tiempos modernos, que hacen que estemos viviendo un tiempo de soledad.

Tengo un grupo de amigas que son fantásticas, nos reímos, lloramos juntas, pero todas estamos solas.

Hace unos días charlaba con una de ellas, y le comenté que me había dado cuenta de que mi grupo de amigas estaba formado por mujeres solas. Ella enviudó en agosto, otra de mis amigas se está separando, y las demás ya llevan años de soledad. Todas separadas, divorciadas y viudas.

A veces nos juntamos con la cerveza con nombre de mujer, con un vinito o un champagne. Un brindis detrás de otro y a recordar nuestros tiempos dorados… Porque el futuro no está demasiado claro y mucho menos brillante.

Generalmente comento con ellas algo que me parece gracioso, basado en la romántica frase de Casablanca… “Siempre tendremos París”. Yo la adapté a “Siempre tendremos el Bingo”, ese lugar donde uno se encuentra con gente que se viste para verse feliz, que juega por necesidad, pierde por obligación y en el fondo esconden una soledad terrible, que la tapan con la ilusión de una línea o un bingo que le va a permitir… jugar un par de horas más. Y ese es el futuro negro de una mujer divorciada y/o viuda que está rondando los cincuenta.

Fuimos las Diosas de la década del ’80, nos vestíamos como chicas de videoclip, disfrutamos del sexo, de la independencia, pero a todas nos atacó el arquetipo femenino argentino: el regalo que nos dejó Joaquín Lavado, alias Quino… Susanita… la que se quería casar y tener muuuuuchos hijitos.

Todas cumplimos el sueño de ser mamás, estamos realizadas, pero como el arbolito no nos dejaba ver el bosque, le dijimos sí al primero que estuvo dispuesto a ponernos un anillo y a preñarnos… ¿La independencia, la revolución sexual y nuestro crecimiento? Bien, gracias. Quedó en el arcón de los recuerdos donde después de divorciarnos queremos volver a desempolvar ese guardarropas, y ahí nos damos cuenta que nos quedó demodé.

Hoy somos minas… no, sin desmerecernos… la palabra “mina” es la más bella del lunfardo, y repito, somos minas que nos bancamos todos los vendavales, que laburamos a brazo partido, que contenemos a nuestros hijos, que por lo general son demasiado chicos para nuestra edad, transformadas en un poli rubro, ya que pocas ejercemos nuestra profesión por querer volver después de los 40, destruidas por dormir cada vez menos, laburar más por cada vez menos plata, ser madres, sostenes de hogar, psicólogas, choferes, maestras particulares y todas las funciones que hacemos por un “te quiero” de nuestros hijos.

Nuestra libido se transformó en un sueño. Algunas, gracias a la bendita Internet, tenemos una quimera que alimentamos día a día con muchos kilómetros de distancia… y a veces nos dormimos entre lágrimas con la angustia de suponer que esa quimera jamás será una realidad.

Otro panorama es la danza de los ex. Todos nos rodean, por supuesto nos levanta el ánimo, somos como el Caballo de Atila, por donde pasamos no crece más el pasto.

La realidad es que si un caballero nos hiciera una propuesta maravillosa, tampoco tendríamos tiempo para el… y ahí estamos, presas de una ilusión, la de algún día volver a ser amadas.

Somos la Banda de los Corazones Solitarios, mujeres bellas, inteligentes, pero estamos solas, sin que nadie nos mire.

Dedico este programa a todas las que componemos ésta banda, que la mayor parte de sus temas, son tristes baladas de amor.

Patricia Sierra

28-01-2011

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