Esa mañana agobiante en medio del pueblo, era pesada para la Reina.

Mezclada entre decenas de personas, en medio del pueblo se dirigía a hacer sus cosas.

Nadie la reconocía, mezclada entre el tumulto, era presa de los humores ajenos.

De repente la voz del caballero llegó, desde tierras lejanas le susurró al oído, el día tomó color, y el reino empezó a proyectarse.

El es el sol que acaricia su alma.

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