Una carta desde el alma, para quien hoy no me puede “leer”

Desperté como todos los días, a tientas buscando mi celular  y mis anteojos. En medio de la oscuridad bajé los mails y por primera vez en no sé cuánto tiempo, no te encontré. De repente recordé que todo había acabado, tiré el teléfono en la oscuridad, e intenté volver a dormir.

Después de un rato de dar vueltas en la cama, decidí levantarme. Tendí la cama, fui al baño, me pesé. Ya no me causa alegría ni tristeza bajar de peso. ¡Cuántas veces esos gramos de menos que aparecian en la balanza era el motivo de pintarme la sonrisa durante todo el día! Estos días, las lágrimas superan las sonrisas, y aunque me aparezcan 10 kg. menos, todo va a ser igual.

Ayer después del amargo final, conversamos bien, como dos personas maduras y que fundamentalmente a pesar de las diferencias tienen un puente de oro, amor, cariño y respeto. Me puso feliz la charla de ayer por la tarde, en apenas 26′ recuperé algo que no tenía hace meses, una charla desde los sentimientos, habíamos vuelto a ser dos personas que se quieren y se preocupan por lo que le pasa al otro y no dos socios como en lo que nos habíamos convertido desde hace unos meses.

Hace un rato me tocó recopilar las cenizas de esa sociedad, y fue como envolver a un muerto en una mortaja, y no como si fuera empleada de casa velatoria cumpliendo funciones envolviendo a muerto desconocido, era acomodar los restos de un ser amado para no verlo nunca más.

Obviamente no me dio felicidad, los dolores me envolvieron, el llanto volvió. Se mezcló la bronca, el desatino, tantos sentimientos encontrados que taparon los sentimientos reales con una mortaja negra.

Te enojaste conmigo, pensé que esos mails escritos con estilete no iban a regresar, pero volvieron y siguen haciendo daño.

Abrí mi corazón y te dije todo lo que hacía que en este momento esté desangrándose. A cambio me respondiste enviándome tus palabras como saetas que me destrozaron más de lo que estaba.

Quiero preguntarte… ¿cómo te explico mi dolor? ¿cómo hago para que entiendas que solo en el silencio esa mortaja negra va a desaparecer mostrando nuevamente lo que hubo dentro?

Sabés que te quiero, pero aunque no pueda explicarte mi dolor, te pido un tiempo de paz.

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