Supongo que vivir conmigo debe ser una extraña experiencia. Hacía tiempo que no tomaba conciencia de mis cambios de humor, y aunque para quien lo soporta es detestable, te voy a dar una buena noticia: es porque me importás.

Las cosas que pasan, no me provocan nada. Pero quien no pasa, el que se queda, me cambia de humor a su antojo.

Así es, me transformé en una caja de cristal, que de acuerdo a la nota que das, se puede romper.

Mi hijo está feliz de tenerme como madre, los días conmigo nunca son iguales, cuando me río, me río mucho y cuando estoy triste me desarmo, ahí el también se desarma, entonces llega el momento de actuar, pero interiormente es devastador.

Soy quien cree, quien sabe perfectamente quien sos y cuál es tu lugar en este mundo, y me gusta gritar a cuatro vientos al que no te ve, que se está perdiendo lo mejor.

Vivir conmigo es una experiencia vertiginosa, que no cualquiera está acostumbrado a vivir. ¿Querés estabilidad? Pisoteame y cortame las alas, pero ese pájaro lleno de plumas de colores y que no para de cantar, al meterlo en la jaula se va a quedar pelado y mudo, ya no vas a querer vivir conmigo.

Acá estoy, la vacante está disponible. Sólo hay que atreverse a vivir una vida con mucha risa y mucha lágrima. Si te adaptás, te prometo una vida intensa y muy feliz, como vivir con una eterna adolescente, que tiene la imperiosa necesidad de ser creativa, de no parar de crear.

Me ponen feliz: las sorpresas lindas, y fundamentalmente tu sonrisa, la que me puede rescatar de mis momentos más tristes.  Cuando sonreis mi mundo se ilumina.

Por favor, no me apagues la luz.

Bienvenido a mi bipolaridad.

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