Recuerdo cuando era soltera, caminar por las calles a la hora de salida de un colegio, era una tortura. La palabra permiso parecía que nadie la escuchaba porque las madres ocupaban toda la vereda hablando de unos y de otros, y los transeúntes que pasábamos con los tiempos justos eramos vilmente ignorados.

Los años pasaron, y me tocó a mí ser madre de escuela primaria, pero con los antecedentes de soportar las madres de otros, no me transformé en madre de puerta de colegio, pero atrás de la historia, siempre existe otra, y ahí me dí cuenta que el motivo de hablar sin parar y de ignorar a los demás, residía que a la mayor parte de esas madres, el mundo se les reduce a su pimpollo que creen que en vez de ser un chico común, es el nuevo Mesías destinado a salvar el mundo.

Estos monstruitos, porque así se los debe llamar, son chicos hábiles manipulando a sus madres, dan vuelta la situación como en una vuelta al mundo, a la que no se suben por placer, sino para adaptar su conveniencia, que en el mejor de los casos es faltar a clase un día que una materia no les gusta, o que no hayan hecho la tarea.

Los docentes, que en gran parte están tan ocupados porque les suban el sueldo y no por la educación (¿Piaget?… Ah… ¿no es un reloj), deberían aflojar un poco ya que su básico supera al de cualquier mortal argentino, y empezar a preocuparse de nuestros retoños.

A ver… con honrosas excepciones, la educación hoy se maneja como Reality Show, nadie observa el comportamiento de los educandos y se dejan llevar, cual programa de chimentos por las madres ponzoñosas que acuden al establecimiento envenenadas, para denunciar que a su pobre angelito lo están destruyendo, cuando en realidad ese angelito, hace casi una década que perdió las alas. El docente no investiga, teniendo gabinetes psicopedagógicos no lo usan, conclusión, es otro item para agregar a la factura, y desmerecen y atacan a nuestros chicos con lo que una madre desquiciada fue a denunciar. Los otros chicos, que a lo mejor tienen la mala suerte de tener madres objetivas y que los vemos como chicos comunes con virtudes y defectos, son los que soportan fichas de disciplina, retos y castigos, por una madre a la que los patitos se le salieron de la fila.

Hasta hace poco observaba que estamos en una sociedad sin premios ni castigos, hoy estamos cada vez peor, se premia al mentiroso, al manipulador y se castiga a quien no lo merece.

Pienso que hay que hacer algo urgente con la educación, uno de las agresiones que los chicos usan es el término “gay”, y bien se sabe que es una condición y no debería ser utilizada de esa manera. Pero nadie para la pelota, cuando en realidad habría que tomarse en serio la instrucción, la información y la formación de nuestros chicos en el terreno de la sexualidad.

En pocos años más, comenzarán a integrarse en el universo escolar, niños que vienen de familias diferentes, que tienen dos mamás o dos papás, y me pregunto… ¿cómo van a ser tratados? Si la educación hoy no forma para el futuro que se viene, estos chicos van a ser víctimas de abusadores verbales o físicos, y las tragedias como Columbine, Rio de Janeiro hace pocos días, o la nuestra del sur donde el adolescente que se lo nominó Junior mató a un montón de pares, va a ser la noticia de todos los días.

Estamos a tiempo de prevenir, no solo los maestros, es nuestro deber como padres ser justos e intentar mirar a nuestros hijos con ojos objetivos, saber que si tiene problemas la culpa no es del mundo y buscar ayuda.

Intentemos hacer un mundo mejor, está en las manos de cada uno.

Anuncios