Ella sintió repentinamente que había naufragado,  y aunque se negaba a abrir los ojos, de repente se vio en el medio de la nada.

Lejos quedó su vida brillante, al igual que la costa. Las ganas de hacer, de vivir se fueron adonde ni el sol puede llegar.

Todo lo que le dio la vida le fue quitado, una familia, el amor, dinero… ya nada quedaba, solo la inmensidad de la soledad en un lugar en el que ni siquiera sabía domarlo, porque no tenía idea de nadar, ni siquiera flotar sabía.

De nada servirían las lágrimas, se confundirían en la inmensidad del océano, y para qué gritar, si nadie la escuchaba.

Sólo su voz interior podría salvarla, pero tenía que aprender a escuchar.

Sola, en medio de la nada, volverá a empezar a vivir, sin herramientas, sin recursos, solo mirando al horizonte.

Buenas noches.

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