Hace pocos días alguien me dijo: “ojalá te salga algo, porque la verdad, ultimamente has tenido mucha mala suerte”. Esa reflexión me dejó pensando, porque realmente nunca fui una persona que haya creído en la suerte.

Quiero contarles algo, durante toda mi infancia crecí mirándo tréboles de cuatro hojas, había una planta inmensa en la entrada de mi casa, de la que brotaban constantemente tréboles de cuatro hojas, sin embargo tuve solamente dos episodios en mi vida, de “buena suerte” o como yo suelo llamarlos, momentos en los que uno siente que Dios puso su mano en tu nuca y te fue llevando.

Mi primera “situación” que se la podría definir como “suerte” fue a los 17 años cuando empecé a trabajar, parecía que el mundo me descubría de repente sin mover un dedo, gané mucho dinero a muy corta edad, pero cuando la racha se cortó, pasé años de “mala suerte”, diría, trágica suerte. En realidad pienso ¿fue suerte? no, era una cara nueva, joven, ocupé un lugar vacante, y luego la “mala suerte” vino por no tener las espaldas para cargar la responsabilidad del éxito.

La segunda “suerte” fueron los dos mejores años de mi vida, fue a los 25 y 26 años, luego de una situación terrible, llegaron dos años de compensaciones, todo lo más bello que una persona puede aspirar para su vida me sucedió en esos dos años. ¿Suerte?

He pasado por religiones, órdenes, cursos de control mental, meditación, cursos de “algo” astrología, new age, he leído cuanto libro de autoayuda, psicoanálisis, filosofía oriental, soy ávida lectora de la Biblia y practicante de su palabra, y hay cosas básicas en todos coinciden que poco tienen que ver con la suerte, la principal la ley de causa y efecto, todas nuestras decisiones, si perjudican a otro, tarde o temprano esa misma campana resonará sobre nosotros, del mismo modo que si hicimos el bien. La ley de atracción, popularizada últimamente por “El Secreto”, es otra cosa que define nuestras vidas, y por sobre todas las cosas, “La Convicción”, puede ser fe, pero todo lo que queremos tenemos que tener la seguridad y la certeza de que invariablemente va a llegar y fundamentalmente que nos lo merecemos.

Esta manifestación que me hicieron de que “últimamente he tenido mala suerte”, creo que tiene que ver con la otra parte, esa que se omite cuando se habla de “Leyes que nos llevan a un mejor vivir”, jamás se mencionan las que hacen que nunca se cumplan las que nos transforman la vida en una alfombra de tréboles de cuatro hojas.

Una conclusión a la que llegué, es la siguiente. Todos decimos: “si existiera una fórmula para el éxito, todos seríamos exitosos”. Ahora bien, se han escrito kilómetros de páginas de gente exitosa que cuenta su experiencia, pero creo que deberíamos plantearnos si en realidad queremos tener éxito.

Todos nos escudamos en la “mala suerte”, pero la realidad es que el éxito tiene una carga de responsabilidades , a la que muchos le huyen, entonces hacen todo lo posible para fracasar, y después le echan la culpa a la pobre “Diosa Fortuna”.

En realidad, mis últimos tiempos de “Mala Suerte”, están totalmente ligados a decisiones érroneas, a falsos berretines que me han llevado por el camino incorrecto, ese que te distrae y te aleja del objetivo.

Me he cegado ante la posibilidad de perder algo que creía ganado, sin pensar que la vida va mutando, y lo que creemos que hoy sucederá, mañana puede ser una locura aseverar que pasará, y en un par de meses ser una realidad. Uno se desespera e intenta hacer estupideces para agarrar la situación de los últimos pelos que le quedan, y en ese estúpido manotazo de ahogado, acabamos perdiendo todo. Ahí le echamos la culpa a la “mala suerte”.

Otra cosa, es plantear tus oportunidades a otros, la mayoría va a opinar con buenas intenciones, y otros con malas intenciones. El hecho es que tanto unos como otros, nos van a dar la solución errónea, porque el que tiene mala intención va a querer perjudicarnos, y el que tiene buena, va a opinar de acuerdo a su universo, que no es el nuestro, por lo tanto, todas las oportunidades tienen que tener el hermetismo que ayude a que se manifieste lo que tiene que ser.

Las broncas, esas malas consejeras. A veces cuando nos enojamos con alguien, tomamos decisiones desde el dolor y eso lleva a que los perjudicados seamos nosotros.

El último año de mi vida, fue definido por “ese maldito berretín”. ¿Cuál es la diferencia entre los berretines y los sueños? El berretín es un capricho, es algo que debemos tener “porque sí”, sin una razón que lo avale. Es el llanto del niño que detestamos que quiere eso “porque sí” y que criticamos. La diferencia que en la niñez el capricho lo pagamos con un berrinche, y en la madurez el costo es muy alto, el ver partir los sueños genuinos.

¿La suerte existe? Si, existe, pero solo ayuda a la situación que estamos viviendo. ¿Será que funciona como algo que potencia lo que está encaminado? Puede ser.

Alejar la mala suerte, es fácil, no consiste en patas de conejo ni tréboles de cuatro hojas, es alejarse de esa nefasta adicción que es “el maldito berretín”.

 

 

 

 

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