Ustedes lo notarán, hay momentos en que desaparezco del blog por varios días, a veces me preocupo, porque no es facil mantener un blog durante tanto tiempo, ya llevo casi cuatro años en esta aventura de sentarme y escribirle al mundo las cosas que observo, que vivo y que siento.

Por otro lado, me doy cuenta que para seguir es necesario un valor que hace mucho tiempo hemos abandonado, el silencio.

El silencio es eso que hoy hasta se siente obsceno, porque es gratis y no causa ansiedad, a menos que sea una persona que sus silencios interiores sean demasiado ruidosos. Pero hoy es absolutamente necesario, ya que vivimos en un mundo lleno de ruidos.

A veces me pregunto… ¿cómo hago para escribir en medio de ventanas que se abren y se cierran constantemente? Con la televisión que nos bombardea con mensajes tan inútiles, con mensajes contradictorios, porque todo el mundo hoy abre las ventanas de su vida, y luego se quejan de la falta de silencio.

Siempre que hablamos de literatura, pensamos en palabras, pero nunca en el silencio que hay entre ellas, como las pausas en una partitura musical, y sin la respiración entre dos párrafos es dificil leer, y más engorroso escribir.

Los poetas saben bien de eso, mucho se ha escrito sobre el silencio, como dijo Jorge Luis Borges, “No hables, a menos que puedas mejorar el silencio” o Georges Clemenceau: “Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra”. Y aunque todos los poetas y los músicos conocen el valor y el peso del silencio, hoy el mundo ignora a la persona silenciosa.

La agitación, al contrario, es percibida como productiva; consideramos en general que las personas ansiosas y agitadas, son decididas y dueñas de sí, que no pierden tiempo con cosas improductivas. Para el mundo, hoy, silenciarse es perder el tiempo, ¿acaso lo es?

Las mejores creaciones, llegan después del silencio y la introspección. El silencio no es aturdirse, no es la ausencia de palabras… es el momento en que ellas descansan. Los escritores precisamos del silencio, como los alpinistas del aire al escalar el Aconcagua, que aunque estén en presencia del reto, precisan de sus pulmones para llegar a destino.

Para leer, también es preciso el silencio, de ese modo nos sumergimos en un mundo desconocido, dejando el cotidiano fuera de nuestro contexto. Leer, es también aprender a callar.

Anuncios