La cordura me hizo transitar la vida desde el dolor, y así fueron los últimos tiempos.

Luego de muchos años de cordura, intenté un tiempo con la locura, y mientras transitaba la vida en medio de ella, me sentía feliz.

La cordura ganó la pulseada, y las lágrimas volvieron a alfombrar el camino.

Desde ayer, aparecieron las señales, la locura volvió a ganar la partida, y la sonrisa volvió a mi cara.

He aprendido que tengo la obligación de ser feliz, y en ese camino estoy plantada.

Han vuelto los labios rojos.

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