Habían nacido en la misma ciudad, pero el destino los separó con una masa oceánica difícil de imaginar por su extensión, solo entraría en una foto satelital, o sea, ni siquiera imaginarlos uno frente al otro.

Ella lo amaba con intermitencias, fue su amor, su amigo, su confidente y hoy… ni ella lo sabe.

El… era el ser más hermético del que se podría haber oído. No vivía en una montaña, pero en su cabeza estaba muy lejos de todos.

Ella nunca supo si alguna vez la tuvo en sus pensamientos, la visión que tenía de lo que recibía de él era muy distinta, a veces amor, a veces indiferencia u odio y hoy… nada recibe de lo que hubo algún día.

El decidió dejarla en el camino, al menos eso demuestra.

Ella está intentando vivir tratando de ignorar que simplemente está enfrente aunque a miles de kilómetros de distancia.

Duele saber que no solo perdió un gran amor, perdió a su amigo y confidente, a quien recurría cuando necesitaba un consejo, una palabra.

La rapidez del pensamiento la acerca todas las noches a él, antes los unía, pero por alguna razón, esa energía misteriosa no la deja dormir. ¿Será que los dos se piensan porque aún se aman?

Desde la mirada del corazón, es dificil permanecer pasiva mientras el dolor de la ausencia le invade el alma, con ganas de que vuelvan esas visitas nocturnas del pensamiento cuando esas dos almas se fundían en el amor.

Hoy está sola, y con la mirada vacía. Con los ecos de otras miradas que intentan susurrarle a ese corazón maltrecho con el que debe convivir día a día.

Llegó el momento de dejar entrar otros pensamientos, otras miradas, para que el mirar, modifique la mirada.

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