Luego de un tiempo en el que le habían endulzado los oídos, de repente esa caricia había desaparecido.

Se derrumbó como una torre de naipes y venía en caída libre. Abandonada al arrullo de la heladera, cada día ganaba kilos y lágrimas.

No supo como, no supo cuando, pero volvió al calor de ese hombre que la contiene y que todo lo puede. De ese gigante que la ama desde hace 23 años incondicionalmente pero que ella le da un pobre lugar. Fue el que le devolvió sus Te Amo, y la volvió a llamar Querida y Amada.

Los kilos van desapareciendo junto con las lágrimas. Y volvió a sonreír.

Ella había quedado perdida en sus ojos 20 años atrás, alguien la rescató y la dejó en el aire. Solo tiene que volver a llevarla a sus ojos. Y empezó el camino, con sus palabras de amor.

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