Todo pasa, pero hay quienes dejan huella permanente. Sabemos que todo cumple un ciclo, pero como en una novela bien guionada, la vida da la vuelta y de repente nos volvemos a encontrar cara a cara con el dueño de la huella, dispuesto a ahondar más en ella.

También hay condimentos nuevos, pero en mi madurez no se si es el temor a probar nuevos sabores que éstos me son ariscos a acercarse.

Sonreir y esperar que la ruleta gire, y prepararnos para que la vida nos cante el número que hemos apostado, y de no ser así, esperar a la próxima jugada.

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