Fue una decisión que llevó años, pero no hay motivo para extender la agonía.

He decidido renunciar al amor, no al amor que tengo por mi hijo ni al amor de los amigos, mi acto se limita al amor de pareja.

Vivimos en un mundo donde cuando pasaste los 30 sos viejo para trabajar, cuando pasaste los 40 te ven viejo para opinar, y cuando te vas acercando a los 50, sos viejo para amar.

Debo agradecer a la vida que tuve amores maravillosos, para vivir hasta que muera alimentada de esos recuerdos, y especialmente el último que fue un final a toda orquesta, pero no tengo ganas de ilusionarme y volver a desilusionarme, no tengo ganas de sentir que estoy viva y que después me voy marchitando en la espera. Ya no tengo tiempo ni edad para eso.

El amor me hizo sufrir demasiado, y el desamor aún más. Ya no creo en promesas, porque el hombre es débil, después de cierta edad no puede responder a la expectativa de una mujer, de intentar llegar al cielo viviendo en la tierra. El hombre teme, está inmerso en el miedo de perder su miserable pero segura vida.

Las mujeres solemos arriesgarnos a vivir todo por amor, pero ellos son más cautelosos, y esa cautela es la prisión de la vida de cada uno, que no les permite ni siquiera ilusionarse.

Hoy declaro mi renuncia al amor, con carácter indeclinable, buscaré la paz de mi vida que me acompañe hasta mi última morada.

Quiero agradecer a los hombres que me han dado tanta felicidad, que hoy tengo el corazón lleno de recuerdos y de cosas bellas. Pero la caja se cerró, y no hay nadie que tenga la llave.

Voy más allá, y cierro además el cofre de la esperanza de que alguien aparezca y me cambie mi pensamiento, que después de la renuncia tenga que pedir nuevamente el ingreso.

Buscaré nuevos horizontes, donde mi felicidad no dependa de otro, adiós amor!!!

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