Nunca es tarde para amar

Luego de divorciarme, mi sobrino de quince años me preguntó como estaba. Le contesté que bien y que aspiraba después de un tiempo de que sane las heridas, volver a enamorarme. Su respuesta fue: -tía… ¿a tu edad?- No supe que contestarle, solo pensé que es triste que la juventud piense que después de los cuarenta y cinco se pierde la capacidad de amar.

Ayer mirando mi muro de Facebook me encuentro que un amigo mío que pasó los setenta, se encuentra feliz y enamorado. Como es una persona pública, cuando mi hijo de once años lo vio, me preguntó que edad tenía el. En cuanto le respondí me dijo: -¿Cómo una persona se va a enamorar a esa edad?-.

Comencé a hacer memoria de como vivía el amor en diferentes etapas de mi vida. Por supuesto que quizá lo que relato tenga poco que ver con las mujeres jóvenes de esta época.

Antes de los veinte, las mujeres queremos encontrarnos con nuestra ilusión cara a cara, mientras que el hombre quiere sexo.

Después de los veinte, las mujeres vemos en cada hombre un prospecto matrimonial, todos tienen sobre su cara la palabra MARIDO, en cambio los hombres, siguen queriendo sexo.

Pasados los treinta, las mujeres entramos en la desesperación de canalizar nuestra ansiedad por ser madres, ahí todos los hombres tienen cara de “EL PAPÁ DE MI HIJO”. El hombre llegó a una etapa en que se está estabilizando económicamente, entonces quiere: el auto, el perro, la casa, la mujer y los hijos (en ese orden). Como el deseo de los dos incluye hijos, ahí se encuentran y se casan, y si bien ellos llevan el cartel de “EL PAPÁ DE MI HIJO” nosotras llevamos el cartel de “ESPOSA, QUIEN NOS AYUDARÁ A CRECER EN NUESTRA CARRERA”.

Pasamos los cuarenta, y todos comprendimos que lo que buscamos poco tenía que ver con lo que queríamos, y ahí pasamos por el divorcio.

Después de que las heridas se curan, nos preparamos para vivir los mejores romances. ¿Por qué?

Tener un romance después de los cuarenta y cinco, es relacionarse con todos los sentidos. Es tener sexo no solo con los genitales, también con la piel, con las palabras, con las miradas y sin miedo. ¿Por qué? Porque antes de un casamiento, un Te Amo se evita decir, porque suena a compromiso matrimonial. Después de los cuarenta lo decís porque sabés que significa que estás viviendo el mejor instante de tu vida, sin que eso signifique confirmarlo en el registro civil.

Un romance después de los cuarenta significa que los momentos que compartís, realmente se comparten, que no lo mirás como padre de tu hijo, porque ya tenés tu hijo con padre incluído.

A esta edad se acabaron las demostraciones maratónicas sexuales, porque en la juventud uno pretende tener buen sexo por una cuestión narcisista, no para darle placer al otro. Buen sexo significa “siempre va a volver a mí”.

En la madurez, vuelve si quiere, aunque no le haga un show erótico, porque en el momento de la verdad, se hace simplemente “lo que te hace bien”.

A esta edad, te enredás en las sábanas cuando te sentís contenida, amada y admirada, y cuando sabés que el señor que se enredó con vos, poder contenerlo, amarlo y admirarlo.

Los rollos no son obstáculo para amar, te encontrás en un rincón del alma, y desde ahí parten juntos al del cuerpo.

A pesar de que mi sobrino y mi hijo creen que los adultos debemos jubilarnos de las pasiones, la vida les dará la sorpresa que los amores que vivirán serán lo mejor que les pasó en la vida.

 

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