Mientras apoyabas tu cabeza sobre mi pecho, me pedías descaradamente que escribiera una historia de amor sobre nosotros. No supe que contestarte, puesto que la nuestra era una historia de desencuentros.

Finalmente como de la noche nace el día, el encuentro profundo se produjo, y quizá podría escribir más palabras de una noche de amor que de 23 años buscando el encuentro en medio de tanto desencuentro.

Inevitablemente el encuentro se volvió desencuentro, y hoy solo se me ocurre escribir una historia en medio de las lágrimas sobre los desencuentros de dos seres que se quisieron, y una noche mágica descubrieron que se amaron, para terminar en un desencuentro más.

Quiero volver a la ruta del destino, pero estoy estancada en tu camino. Mientras toda lágrima hoy lleva tu nombre, me pregunto como volver a caminar para encontrar la senda del olvido.

Mañana o no se cuando, pero todavía no están del todo secas estas hojas. Volveré a despertar, para llenar de savia mi alma, y transitar nuevamente la ruta del destino.

 

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