¡Qué mujer no quedó fascinada ante la historia de Francesca y Robert Kincaid. Ella, una italiana que vivía en un pueblo de USA criando hijos y atendiendo a un marido, el un fotógrafo del National Geographic, que pasó por ahí a fotografiar Los Puentes de Madison. Todos conocimos la historia a través del film protagonizado por Meryl Streep y Clint Eastwood. Esa película modificó el pensamiento de muchas mujeres que conozco, y principalmente el mío, porque Robert cambió el sentido de la vida de Francesca, regalándole los cuatro días más apasionados, hecho que determinó que en la vida de ella existiera la magia.

La escena fundamental para mí, en la película, es cuando Francesca está en la camioneta con su marido, una tarde de lluvia torrencial, y atrás está Robert, esperando que ella baje de ahí, abandone su casa, sus hijos y que vaya a vivir su gran amor. La impecable dirección de Clint Easwood hizo que el enfoque de ella en la mano mostrando su indecisión en abrir la puerta de la camioneta, es LA ESCENA, creo que en ese momento todas las mujeres deseábamos que saltara de los gruñidos de su marido a los brazos contenedores de Robert, pero ella eligió la familia.

Robert siguió viviendo en su corazón, pero la pregunta es si ella hubiera abierto esa puerta, la historia habría sido una verdadera historia de amor?

Hace tres días tuve mis Puentes de Madison, pero aún no tuve la oportunidad de abrir la puerta de la camioneta, todavía faltan elementos para decidir. Fui una elegida por el amor, por sentir esa fusión de almas que poca gente llega a sentirla en esta vida. En este caso, no fueron Francesca y Robert, eran Patricia y Claudio, dos seres que están unidos por el destino, porque una y otra vez, estamos, y seguiremos estando hasta que la muerte nos separe.

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