Creía que había triunfado, en un pase de magia o mejor dicho de tosudez, había alejado a sus dos caballeros de su vida, sentía que había triunfado.

A uno de ellos la unía el espíritu. No sabía que tenía con él, pero sabía que era ese fino hilo de plata del que hablan algunos que dicen que saben de las almas, ella sentía que eran almas gemelas, pero quizá por la falta de cercanía el hilo conductor venía cargado de agresiones y ataques. Usualmente se preguntaba: ¿qué debo aprender de éste amor? ¿hacia dónde lleva tanta angustia?

El otro, el rubio. Hermoso como un ángel pero todo un enigma. A él la unía la química, la física y cuanta materia existiese. Cada vez que se veían no había preguntas, solo magia, y hasta quizá de ambas partes un miedo gigante de dibujar un futuro… ¿y si la magia se pierde?

De un día para el otro, tomó el control. El rubio y el morocho quedaron totalmente fuera de carrera, fuera de concurso y fuera de su vida. Entonces se preguntaba: ¿si ahora soy libre, por qué tengo la sensación de que ninguna de las dos historias tienen la leyenda FIN?

Porque sabe que no concluyeron, y que la vida va a girar la rueda hasta que vuelva la magia, y se desenrede el cordón de plata. ¿Es lo que quiere?

Como buena mujer, dubitativa, si los tiene cerca se angustia, y cuando los saca de su vida, siente su ausencia. Ella sabe que nada está cerrado.

¿Y si vuelven? Que el destino decida la escena cúlmine, no será la final, si la del nudo.

¿Quién decide hacia dónde y con quién vuela nuestra alma?

 

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