¡Otro año que se va, y se respetan las tradiciones!

Todos los 8 de diciembre, en casa se arma el árbol de navidad, y se desarma el 7 de enero. Ayer no fue un día diferente al resto de todos los años, mi hijo y yo armamos el árbol.

Obviamente a esta altura de las circunstancias, saco las cosas en piloto automático, empezar a desarmar las guirnaldas, tratar de que los adornos estén en armonía y no se repitan los colores, hasta que llegamos al pesebre.

En ese momento descubrí que María hacía años que estaba despegada, se ponía y se caía, pero no recuerdo la cantidad de tiempo que hace que estaba pasando ésto.

Me puse a pensar en los íconos. María, la madre… en la casa ¿quién es la madre? Me dí cuenta que yo era la que de alguna manera estaba “despegada”.

Inmediatamente busqué el pegamento, pegué la imagen de María, y no solo eso, busqué las herramientas y reparé el pesebre.

A veces los íconos nos ayudan a conectarnos con nuestros problemas, debemos aprovechar estas fiestas donde están tan presentes, de modo de poder ayudarnos con nuestra realidad. Conectar, no solo con nuestro entorno, sino con lo más profundo de nuestro ser.

Bienvenida navidad.

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