Hoy comenzaste a caminar hacia el horizonte, y por primera vez no mirás atrás. No vas a permitir que mis lágrimas te conmuevan, porque mientras caminás hacia lo profundo del mar, me quedaré de espaldas para no arruinar el recuerdo de tu mirada.

Tuvimos un amor maravilloso, no solo estabas en mi aquí y ahora, sino que también me acompañaste en mis sueños cada vez que te necesitaba. 24 años en que llenaste mis días y mis noches, y después de mucho tiempo de ausencia, en este 2011 volvimos a estar juntos.

La magia estaba intacta, pero hubo algo que me hacía pensar que Dios nos había dado el regalo de la despedida.

Así como llegaste mágicamente, del mismo modo te vas desdibujando. Pero esta vez no duele. Esa noche fue el cierre, al menos en ésta vida, de algo maravilloso.

Todo tiene su tiempo, y nuestro tiempo terminó. No tuvimos el valor de decirlo cara a cara. El cierre fue con promesas y mentiras, pero no me enojó, podía escuchar más que oír mentira a mentira, y aunque sabía que ingenuamente estabas seguro de que te creía, no quise desilusionarte.

Creo que vos no sabías que era el final, yo lo presentía. Era la primera vez que entraba a un portal desconocido, en el que no puedo ingresar de la mano de nadie. Nunca estuve tanto tiempo sola, mejor dicho, en soledad. Muchas veces pasé años y años acompañada pero increíblemente sola.

Hoy no quiero mirar al horizonte porque si lo hago podré ver que te vas desdibujando en medio de la bruma, que las olas no te devolverán a mi puerto, ese lugar seguro donde apoyabas tu cabeza para sentirte contenido y cuidado.

Fuiste un gran amor, quien ha colmado mis días y mis noches de lágrimas y sonrisas. Hoy te despido, guardándo mis recuerdos dentro de mi corazón, al que le pongo llave y la tiro al mismo mar en que caminás seguro.

Gracias por haber embellecido mi vida,

Au Revoir…

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