Ayer la ví, cara a cara. Creía que jamás la iba a conocer, pero ahí estaba, altiva, desafiante.

Nuestro encuentro fue desagradable, y una vez que se presentó ante mí, corrió su velo y me dijo:

“Soy el Pecado Capital del cual creías que nunca tendrías un cara a cara, soy… La Envidia.!

Verla frente a frente, me desilusionó a mí misma. Yo, la mujer segura de mi misma, que jamás me importó lo que opinaban, pero el talón de Aquiles… existe, y el mío estaba directamente relacionado con el CHOCOLATE.

Venía caminando por las góndolas del supermercado, y de repente la ví delante mío… alta, rubia como el marfil, cabello largo y lacio, y delgada como una Barbie.

En una situación común, hubiera sido una mujer más de la tierra, pero en el contexto que nos contenía a las dos, ella estaba internada en la góndola que yo evitaba… la de los chocolates.

Las manos no le alcanzaban para llenar su carrito con todas las variedades que yo amo, pero que las mantengo lejos, porque diez gramos de ese néctar de los dioses, representa kilos en mis caderas, y una culpa espantosa.

Pero ahí estaba, la Barbie del subdesarrollo, pudiendo comer todo el chocolate que yo no podía.

Entonces lo descubrí… la envidia, tiene cara de Barbie.

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