Hace años que sabía que existían, pero no los reconocía. En principio pensaba que eran mujeres posesivas, a cierta edad todos recordamos algún amigo de la juventud que cuando se casó lo encarcelaron de tal manera, que la misma persona con la que íbamos al cine, a cenar, de vacaciones, que nos reíamos juntos a más no poder, un día la cruzás por el supermercado, te esquiva la mirada, y misteriosamente se interesa por los alimentos para gatos, aunque tenga una jauría de perros. Una los justificaba pensando que la esposa era un secante, pero la explicación no pasaba de ahí, sabíamos que había mujeres en este mundo que cuando se casaban excluían a su marido de la sociedad, pero la realidad era otra, pertenecían al mundo de los vampiros.

Tomé conciencia de los vampiros terrestres (no los infernales) cuando por un problema personal tuve que meterme de lleno a investigar el mundo de las sectas, y descubrí el modus operandi de esos tiempos (década del 80) cuando no había internet ni redes sociales, era un trabajo mucho más sofisticado.

Actuaban de la siguiente manera: hacían inteligencia, averiguaban en cada barrio, en cada club, en cada escuela donde tenían un infiltrado, quiénes eran los adolescentes más brillantes, luego de descubrirlos había una segunda selección, de esos se buscaba a los que estaban en una pendiente afectiva, ejemplo los hijos de padres que se estaban divorciando o en un proceso de separación. En ese momento se acercaban a ellos, en principio brindándoles contención, y luego arrastrándolos para su molino con mano de hierro envuelta en un guante de seda. Estos adolescentes de un día para el otro estaban presos de una secta, que mediante un lavado de cerebro les hacían creer que lo mejor que les pasaba en la vida era pertenecer a ese mundo irreal, donde además eran utilizados para todo tipos de trabajos, y en casos más graves, terminaban siendo víctimas de abusos. Esos eran vampiros, con estructura piramidal, organizados de manera impecable para hacer el mal.

Vivimos en una sociedad de consumo, y no hablo solamente del consumo económico sino del social, del afectivo. Nunca en mi vida vi tanta gente presa de uno de los pecados capitales, “la envidia”. Si te aislás en tu trabajo haciendo tu vida, cumpliendo con tus obligaciones, a estos vampiros les va a molestar que vos no vivís ahogada en la bronca como ellos, y ahí van a intentar succionarte tu tranquilidad, en principio intentando asociarte a sus frustraciones, y si vos no te unís a brindar con su veneno, van a intentar inyectártelo, hablando mal de vos, metiéndote en problemas, intentando llevarte a su terreno, el mundo vampiro.

Las redes sociales han sofisticado el trabajo de esta raza, y fundamentalmente lo ha simplificado. En el caso de las sectas, ya no necesitan tener infiltrados o “topos” para hacer inteligencia, solo con ingresar a la red, sabemos la vida de todos, y está todo a pocos toques de dedos, acercarse a la persona, hacerla sentir bien y arruinarle la vida.

Los vendedores de droga, o dillers, supongo que actuarán de la misma manera. No voy a opinar de un mundo que afortunadamente no conozco.

La globalización, ese fenómeno extraño que tiene en una de sus características la necesidad de la fama, donde publicamos todo lo que nos pasa para que lo vea hasta alguien que vive en Tumbuctú, aunque no tengamos idea de quien es, hizo que la red de vampiros crezca. Hay mucha gente que como no sabe buscar la felicidad dentro de sí, se dedica a destruir vidas ajenas, y ahí están estos vampiros, destruyendo familias, rompiendo afectos, y no les importa nada.

Vivimos en un mundo de vampiros. Los que no lo somos, no sé qué recomendar. Estos vampiros no se alejan con una ristra de ajo, una cruz y una estaca de madera, ni siquiera con una bala de plata. Los vampiros están donde menos te lo esperás, son pacientes y dispuestos a arruinarte la vida.

Como seres independientes, tratemos de cultivar la felicidad que está dentro nuestro, que esa no nos la pueden succionar, y como padres debemos darle a nuestros hijos los recursos para que estos seres siniestros no los ataquen. Si creés en Dios, acercarte aún más a él ayuda. Y fundamentalmente proponerte que tu libertad está en tu fortaleza, y no permitir que estos seres arruinen tu vida.

Los que se dejaron atacar por los vampiros, tienen una vida triste y solitaria. No permitas que te roben la tuya. Brillá con tu luz interior, ella los va a encandilar y sin nada que tengas que utilizar para romperles el corazón, se van a alejar. Vivamos una vida sin peligro de que nadie nos la robe.

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