El cielo de abrió de repente, hubo alguien que le mostró que estaba caminando por el camino incorrecto. Ella fue el blanco de sus disparos, era el famoso “matar al mensajero”.

Esa mujer que le mostró los colores del mundo, fue quien despertó en su interior el ícono de la duda, la confirmación de que no era feliz, que debía tomar otro rumbo.

Ella era la reparadora de sueños, siempre donde ponía sus ojos, cambiaba las cosas. ¿Acaso Dios la había enviado para esa misión? Y en medio de la confusión, logró al menos que él se diera cuenta de que debía cambiar su realidad, pero como la mala semilla germina, quería confirmar que durante tantas décadas no estuvo equivocado, y apostó a otra mujer, una con el mismo fenotipo de quién lo dominó y le arruinó la vida.

Él ahora está en el torbellino de confusión, donde por cada paso firme que da, hay cuatro erróneos. Ojalá que esos erróneos sirvan para saber que no debe pasar más por ese lugar, pero lamentablemente se está instalando en los mismos lugares comunes.

Quizá en esa nueva mujer, encuentre a la misma de la que se enamoró hace varias décadas, esperemos que no vuelva a hacerle daño, si hay otro derrumbe jamás se podrá volver a levantar, otra caída, será la definitiva y ya ni siquiera podrá levantarlo la reparadora de sueños.

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