No veo, no siento, no hablo, no escucho. No puedo reír, no puedo llorar, expectante espero que algo  se modifique, que algo cambie.

La magia se escondió, la busco desesperadamente pero no sé dónde está.

Mi sonrisa se transformó en una mueca, de dolor, de tristeza.

¿Por qué estoy así? No lo sé, simplemente es que además de todos los dolores comunes, es muy triste no poder escribir. ¿Qué hacer? ¿Esperar estática a que la magia vuelva u obligarme a escribir usando la técnica como lo aconsejaban los griegos?

Ojalá existiera una pastilla milagrosa, que 20 minutos después de tomarla pudiera sentarme y escribir como solía hacerlo, pero no existe, y tengo que seguir el camino de la mirada hacia el alma, para saber dónde está el dolor que oscurece a la inspiración.

Mañana, será otro día, otro más para transitar en la oscuridad.

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