Hoy me preguntaba hasta dónde una mujer puede soportar humillaciones para tener un hombre a su lado. Y eso empecé a preguntármelo después de una espera de varias horas en la compañía de cable, donde fui a pedir la baja.

A mi lado se sentó una mujer que tendría aproximadamente unos sesenta años, muy bien conservada. Intentando amenizar la espera empezamos a conversar del tiempo y demás asuntos triviales, hasta que finalmente en un mundo invadido por la comunicación en el que nos encontramos trágicamente solos, cuando alguien encuentra un oído dispuesto, se relaja y comienza a contar cosas íntimas.

Esta mujer comenzó a hablar de su situación de pareja, relatándome como era. Se había casado varias veces, había transitado divorcios y pérdidas eternas, pero no claudicaba, su norte era vivir en pareja. Me preguntó como era mi situación, a lo que le conté que estoy sola desde hace mucho tiempo, ella no lo podía creer. Le comenté que Buenos Aires estaba lleno de mujeres solas, e hice referencia de alguna vez que he ido a cenar con amigas, y los restaurantes están colmados de mesas de mujeres solas.

Finalmente se abrió y me contó su realidad, y ahí me dí cuenta de que ella estaba aún más sola que yo. Desde hacía dos años tenía una relación con cama afuera, pero el señor en cuestión le informó que estaba transitando un divorcio contradictorio, por el cual no podía mostrarse con ella. Dos años yendo ocasionalmente a visitarla, sin sacarla a pasear durante todo ese tiempo.

Ella me dijo que no imaginaba morirse sin un hombre al lado, por eso soportaba la situación.

Me dio mucha pena, porque sentí que tener una soledad acompañada es peor que tener una soledad asumida.

Me gustaría tener a un hombre a quien amar y fundamentalmente sentirme amada, son tiempos complicados, pero jamás renunciaría a mi esencia de mujer, para soportar humillaciones solo por compañía.

Es difícil ser mujer, pero es maravilloso poder serlo.

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