La crónica de una pobre pasajera diaria del subte

Hoy no fue un día diferente a otros, aunque esté harta, día a día me toca subirme al subterráneo.

Nuestros subterráneos están muy lejos de los metros de otras ciudades, no solamente en ninguna parte del mundo he viajado como ganado descuidado, sino que además quien sube a esas formaciones, está consciente que hay que tener resignación porque tenemos la certeza de que en cualquier subterráneo tarde o temprano vamos a sufrir una tragedia como la del Sarmiento, simplemente, y aunque parezca egoísta, rezamos para que cuando ocurra nosotros no estemos en la formación.

Si bien ese es el punto neurálgico de lo que significa viajar en subte, hay otras patologías satélite que tenemos que soportar, por ejemplo que arbitrariamente el personal de boletería decide no hacer recarga de la tarjeta SUBE (ese es otro tema, nos obligaron a sacarla a presión, para qué?), dicen que no tienen sistema pero el equipo dice “Apoye su tarjeta”.

Lo que hoy me desbordó, es el desfile constante de mendigos y señoras instaladas al final de las escaleras con los chicos pidiendo. Me pregunto: ¿si supuestamente éste es un modelo de inclusión, donde se dice que hay menos pobres, por qué cada vez hay más gente pidiendo y más delincuentes robando?

Hoy voy a tomar el subte en la estación Uruguay en la línea B, bajo la escalera y una mujer muy joven con tres chicos gritando:

-Doña, deme algo pa come que lo chico no comieron nada hoy-

Lejos de darme lástima, me dio mucha bronca. En un país donde los anticonceptivos son gratis, terminan siendo inútiles porque el gobierno los premia por parir hijos, y no crean la consciencia de saber que para echar hijos al mundo hay que tener el dinero para criarlos, o en su defecto un buen trabajo para responder a las obligaciones.

Con toda la bronca le respondí “¡Andá a pedirle a Cristina!”. No entiendo cómo nos mienten en la cara, por qué no existe un control. Porque me imagino que esa gente tiene alguno o más de uno de esos planes a la vagancia.

No solamente están quienes usufructúan a las criaturas llevándolas para generar lástima, están los chicos que deambulan todo el día en el subte preguntándome en qué momento reciben la educación obligatoria.

¿No hay nadie que vea a esta Argentina sin los anteojos de la mentira?

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