Quienes hemos viajado un poco, vemos con buenos ojos el orgullo de cada ciudadano por su país, y no sólo eso, cómo defienden su identidad, eso que en Argentina ya no existe.

Ayer viajaba en el subte, línea D. Sube un señor con rastas y mucha suciedad. Saca una guitarra eléctrica conectada a un amplificador portátil, y comienza a cantar temas de Bob Marley, en un inglés digno de un personaje de Capusotto, “Roberto Quénedi canta canciones en un inglés de mierda”. Luego que terminó el tema, habló al “público” en un portugués tan cerrado, que era inentendible, me hizo pensar que no sería de Brasil, sino de algún país de África que fue colonia portuguesa. Lo increíble, es que la gente le daba dinero.

En ese momento yo pensaba, las veces que he visto recitales de celebridades de la música, aunque sea tres palabras en castellano decían y este señor ni siquiera se tomó el trabajo de aprender un “gracias”.

Seguimos en el subte, a la vuelta. Un señor sube con una bolsita con cajas de medicamentos con un chico adolescente vestido con ropa Adidas original, haciendo un discurso donde decía que tenía VIH con tonada extranjera, mencionaba que por su condición no le daban trabajo y que por eso debían darle dinero. La gente le daba dinero y yo me preguntaba: si en el subte hay tantos vendedores ambulantes, qué le impide a ese señor hacer lo mismo?

Los extranjeros han venido a colonizarnos, y lo peor es que los argentinos no reaccionamos. Los que vivimos en otro país, aprendimos a respetar el lugar adonde íbamos. Quizá en otro país resulte agradable que alguien cante tangos, pero para finalizar, es menester decir al menos dos palabras en el idioma local.

De repente nos venden comidas en la calle que no tienen que ver con nuestra idioscincracia, nos invadieron con ritmos caribeños, pintaron nuestro país con aromas, sonidos y colores que no son nuestros.

Quiero volver a escuchar en la radio voces locales, sentir aroma a empanadas y no a ceviche, quiero recuperar esa hermosa Buenos Aires, de mujeres  elegantes, hombres bien vestidos, gente que huela bien.

Los argentinos debemos defender al país que conocimos y amamos, dejemos de permitir que nos roben nuestra identidad.

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