Todos creen que ser viejo es tener credencial de bondad, pero al igual que ser madre, padre o abuelo no te hace ser bueno, ser anciano no garantiza tener una natural condición a hacer el bien

Dicen siempre que las abuelitas son el ejemplo de la bondad, pero sinceramente me parece que tal como mucha gente muere como vive, la mayoría envejece llevando la bolsa de resentimientos que lleva cargando toda su vida, y como en esta etapa el aislamiento es más frecuente, le tiran esa bolsa a la pobre persona que es su cuidadora.

No quiero ser injusta sin destacar que mi abuela Carmen si era la ancianita de marketing, murió de Alzheimer, pasó sus últimos años en un geriátrico, pero hasta las enfermeras y mucamas la adoraban porque ella era un oasis en medio de todo, mi abuela fue el ser más maravilloso que conocí en éste mundo, es para mí quien fue realmente mi madre, a pesar que hoy me encuentro al cuidado de esa señora que es mi madre biológica.

Si bien uno busca en internet datos sobre la maldad de los ancianos, no aparece nada, solo se los muestra como víctimas. La realidad es que ni internet se salva de las publicaciones pour la gallerie, ya que en todas ellas los ancianos aparecen siempre como martirizados, pero nadie cuenta de lo que es capaz ésta gente.

Hemos tenido aliados, como los autores del cartoon Twitty y Silvestre, donde la anciana tiene una predilección manifiesta por el canario hidrocefálico, y el pobre Silvestre que simplemente sigue su instinto de querer comerse al gato, es maltratado por esa anciana que disfruta hacerlo, porque en realidad sería mejor que lo dejara en la calle haciendo su vida que sufriendo ese terrible maltrato, pero no solo eso, la “dulce abuelita” está en connivencia con ese canario maldito, para hacerle aún la vida peor a Silvestre, aunque los gatos tengan más fama de malos que los canarios y las ancianitas.

La realidad es increíblemente parecida a la ficción. En los últimos años he conversado con muchas personas que hablan de la maldad de sus padres ya ancianos, de que son seres detestables y como en el dibujo de Twitty y Silvestre, la anciana maléfica siempre está confabulada con alguno de los hijos de poco vuelo en contra del/la pobre que se hace cargo de su asistencia, que normalmente el detestable es el que siempre usufructuó el dinero el que siempre defiende a la representación de la maldad.

Tengo decenas de testimonios de amigas, la mayoría sobre las madres, aún no me he encontrado con testimonios de padres, aunque en mi familia hemos tenido el ejemplo de un abuelo bastante particular, malo pero sin maldad. A ver, cómo és eso: era malo naturalmente, no hacía nada a propósito para dañar a alguien, cosa que en estos momentos yo tengo muy cerca.

Hace unos días viajaba en un colectivo, y una mujer sentada a mi lado me contaba lo aliviada que se sentía porque hacía quince días había muerto su madre, una anciana maldita que a pesar de que ella consagró ocho años de su vida a cuidarla, se dañaba para decir que la pobre hija le pegaba. Su maldad llegó al extremo de tirarse contra una mesa de luz, gritar, la hija desesperada llamó a la ambulancia ante esa herida, vino la policía y quiso detenerla a ella, ya que la “noble ancianita” decía que le había pegado con un palo. Esta señora tuvo la suerte de que los vecinos sabían lo que era esa malvada mujer, y entre todos intervinieron para que no se la llevaran.

Además de su maldad, despliegan su odio a diestra y siniestra, creyendo que los vecinos se van a aliar a su cruzada maldita, pero no cuentan que especialmente cuando los vecinos los vieron envejecer, no es ninguna novedad su maldad, pero se sienten dueñas y señoras, y los vecinos luego corren a contarte en secreto lo que la representante del mal tira como una bolsa de mentiras a fin de arruinarte tu buen nombre y honor. Pero por eso de que “de eso no se habla” los vecinos lo comentan a sotto voce, ya que son incapaces de decir “no hable mal de quien está perdiendo los últimos mejores años de su vida, para que usted vegete mirando en TCM Bonanza y La Familia Ingalls, ya que no hace nada útil por la sociedad”.

Pero la ancianidad tiene eso, muy buen marketing. Como tantas guerras que popularmente tienen un número de muertos pero la documentación informa otra mucho menor, la aguja de la bondad anciana está muy por arriba de la realidad, y el que no lo crea, que haga una encuesta en geriátricos.

No sé si la maldad anciana lleva tantos años, lamentablemente uno se empieza a fijar en ella cuando es el blanco, pero se me ocurre que quizá es algo bastante nuevo, al menos la intensidad. Mi teoría es que nuestros padres, nacidos en las décadas del 20 y del 30, especialmente las madres, han vivido una etapa en que no eran como nuestras abuelas, que mi abuelita Dios la bendiga, ya que gracias a ella me esfuerzo día a día para ser una gran mamá siguiendo sus principios y enseñanzas, pero volviendo a nuestras madres, vivieron tiempos en que Mary Quant, le decía que la pollera había que subirla y que la mujer debía liberarse. La liberación salió bastante mal, ya que hoy trabajamos adentro y afuera de casa, somos abandonadas por los padres de nuestros hijos que luego asumen que vuelven a ser solteros y se olvidan de sus hijos en todo sentido, les sacan toda protección afectiva y económica, y ahí estamos nosotras como represa para contener todo lo que dejaron suelto, pero el principio de la liberación ellas lo vivieron como una guerra personal, sumado a que hoy hay un mundo que no entienden y no saben donde ubicarse.

Algo para ver objetivamente, si hoy tu papá y tu mamá son jóvenes pero ya tienen insertado el virus de la maldad, no sueñes con que la ancianidad va a destruirlo, todo lo contrario, lo va a hacer desarrollarse y perfeccionarse, así que si alguno de tus progenitores no es bueno, comenzá a preocuparte por tu futuro, estudiá para poder irte a vivir lo más lejos posible, si se puede a otro planeta, que generes dinero para enviarle y aliviar tus culpas, y sé feliz, sabiendo que solamente tenés que agradecerle que te hayan dado la vida.

Hace unos días escuchaba a Bernardo Stamateas que decía que algo bueno nuestros padres deben haber hecho por nosotros, y debíamos agradecerle. Yo tengo que agradecer a mi madre que me haya dado la vida en primer lugar, y en lo que siguió después, solamente que aprendí a hacer la línea con el delineador en el ojo mirándola como se pintaba, para todo lo demás estuvo mi abuela, quien en realidad para mí fue mi madre.

Bueno, los dejo, aproveché este tiempo para escribir en el que estuve despierta para darle los medicamentos. Cierro la puerta rogando poder dormir dos horas más, antes de que me despierte a la madrugada para que vaya al supermercado, o levante el teléfono para contarle al otro ser siniestro, a su Twitty que yo la maltrato, en una locura sin solución.

¿Faltará mucho para despertarse de ésta pesadilla?

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