Desde que vivo alejada de los lugares donde suelo desarrollar mis actividades, paso bastante tiempo del día en transporte público, y a pesar de que disfruto llenando los huecos que me dejan los trayectos con un buen libro, a veces veo situaciones que me hacen observar a la gente, situaciones que por momentos me despiertan una sonrisa y otros bastante bronca.

Días pasados volvía en el colectivo de la línea 95 más o menos a las 10 de la mañana, éramos pocos pasajeros puesto que estaba llegando a la terminal. Una pareja de ancianos estaba sentada, cuando el señor de repente se levanta para bajar por la puerta delantera. Detrás de él se levanta su esposa, una típica anciana argentina, una señora con algunos kilos de más, bastante alta, pollera a la altura de las rodillas, campera tejida, medias de descanso, zoquetes y zapatillas de abrigo. De repente la señora vió un tesoro y decidió que era acertado arriesgar su vida y sus huesos por ello.

Mientras estaba sentada leyendo mi libro, asistía estupefacta al baile de la anciana intentando mantener el equilibrio agarrándose con una mano y con la otro intentando atrapar la dorada obsesión. Internamente apostaba conmigo misma el momento en que se caería, y no pasó mucho, la anciana se cayó mientras el colectivo doblaba, inmediatamente empezó a gritar desesperada. El colectivo frenó y el marido como salido de una película italiana de la década del 50 se agarró la cabeza y empezó a gritar casi llorando “¡Vieja, qué pasó, qué pasó Vieja!.

La anciana no había recibido más que un susto, ya que cuando se cayó estaba bastante cerca del piso. Una pareja jóven vino corriendo desde atrás para ayudar a levantarla. Cuando lograron su cometido, la mujer joven levanta del piso el minúsculo tesoro, una moneda de 10 centavos.

La anciana sintió vergüenza de haber hecho tanto por tan poco, la joven mujer le pone en la mano los 10 centavos y la anciana dice: “no sabía si eran míos”, una mentira piadosa, ya que se encontraba lejos de donde ella estaba.

¿Vale la pena exponer esa osamenta anciana a una fractura? o lo que es peor ¿vale la pena arriesgar la vida por tan poco?

Sea la edad que tengas, valorá tu vida, seguramente vale mucho más que 10 centavos.

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