Afortunadamente nunca creí que los institutos de belleza me solucionarían la vida, y por suerte no estoy haciendo terapia, ya que este problema me haría obsesionarme y pagar sesiones por algo que no tiene solución, la razón de mi amor y mi odio: La Peluquería.

Tuve un peluquero maravilloso, de mis 16 años hasta mis 36. El último día que me peinó fue el día de mi casamiento (¿era el anuncio de que lo bueno se terminaba?), luego Ricardo se dedicó a hacer producciones de modelos. Se fue de mi vida, y llegó el vacío existencial, no encontré ningún peluquero que me entienda.

Quizá sea un problema de familia, mi madre no lloró cuando se murió mi  padre, aunque llevaran 47 años de matrimonio y cinco de noviazgo, pero a los dos años de ésto se murió su peluquero y hubo que medicarla por depresión, si, la verdad parece un argumento de una comedia, pero la realidad es que para las mujeres tener el cabello bien importa.

Mi problema con las peluquerías, no es en sí el peluquero, sino el ambiente que reina. Uno de mis relatos de stand up se llama “Deprimida en la Peluquería”, o sea que es algo que evidentemente de tanto en tanto me quita el sueño.

La verdad es que no soporto tener el pelo mal, pero por otro lado no soporto el “ambiente” de la peluquería… ¿por qué? Porque soy la mujer más impaciente del planeta y me parece una pérdida de tiempo estar sentada esperando que me atiendan, viendo mujeres en el confesionario del sillón del peluquero, y otras que mientras liman uñas se ríen como hienas, que me enchufen revistas de “¿actualidad?” donde aparecen ilustres desconocidas mostrando toda su humanidad, y de las cuales, la vida me importa de poco llegando más a nada.

Ayer fui a la peluquería, pasé a las 16:30, cuando ví tantas mujeres le pregunté a qué  hora venía y me dijo, a las 18 te atiendo. Fui a las 18 y era la misma historia. Me pide que me quede, mi nivel de stress seguía aumentando. Le pregunté cuánto me faltaba y él me dice: ¿no tenés tiempo? a lo que le contesté “no tengo paciencia”.

Quizá sea un bicho raro que no se divierte en la peluquería, soy una mujer que tiene sus tiempos ocupados, con mi hijo, mis amigos, mis ocupaciones y conmigo. La peluquería no me seduce más que para arreglarme el pelo, pero parece que eso hoy, no se entiende demasiado.

Finalmente huí antes de ser atendida, luego de ver en la revista Hola y Gente, un montón de ilustres desconocidos en pose de celebridades, pontificando cosas como si fueran iluminados.

En la semana haré otro intento, sino, seré Lady Godiva.

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