JuvenciaTodos se preguntaban el secreto de su juventud. Cinco décadas y ninguna arruga le surcaba la piel, no usaba cremas costosas y las que compraba usualmente se olvidaba de colocárselas, y de acuerdo a las generales de la ley, su cuerpo dejó de fabricar colágeno  a los treinta años, como todo ser humano.

Erróneamente la comparaban con Dorian Grey y jocosamente le preguntaban dónde tenía el cuadro, ella sonreía y pensaba que quienes decían eso jamás habían leído a Oscar Wilde; como era su autor favorito pensaba: “no saben de lo que se pierden”, Dorian Grey no acumulaba arrugas en el cuadro, solo los pecados que según el genio de Wilde, son los que nos hacen envejecer.

Ella transitó el camino sin pecar, en el sentido del pecado que muestra Wilde, caminó sin lastimar, sin hacer daño. Muchas veces con dolor, pero no sabía lo que era herir a alguien, a pesar de que recibió golpes a diestra y siniestra.

Sabía que los dolores al igual que los amores se guardaban en el corazón, los problemas en el cerebro, pero la pregunta fue: ¿dónde guardamos las pasiones?

El destino la hizo cambiar muchas veces, pero no pudo domar su carácter. Llegó a la madurez bendecida con un hijo, un matrimonio quebrado, un gran amor y tres pasiones más hermosas que cualquier historia de amor que se haya leído o visto en una pantalla.

Desde su adolescencia pensaba que la vida ideal debería indefectiblemente incluír una pasión al año, era la recarga óptima para continuar entera y fortalecida. Su anhelo fue escuchado por los dioses y se lo concedieron  como si un genio hubiera salido de una botella, y al ser sólo un deseo, se lo multiplicaron por tres.

Tres años inolvidables: 1987, 1988 y 1989 tuvieron el combustible que ella pidió, pero fue de tal calidad, que esos tres momentos de su vida la mantienen entera, siempre viva, siempre joven.

Sin quererlo descubrió el secreto de Juvencia, entonces se preguntó: ¿dónde van a parar esas sensaciones en que sentimos que no existe la tierra, sólo el infinito? y respentinamente el velo se cayó y pudo ver que más allá de ser el órgano más grande del cuerpo, alberga las sensaciones más profundas, esas que aunque vengan en envase de romance que pueda durar un tiempo efímero son las que engalanan nuestra vida, las que nos hacen mirar al mundo con un brillo muy particular en los ojos.

¡Por siempre y para siempre, te llevo bajo mi piel!

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