Patricia SierraBien, un mes en el país tropical, y me dí cuenta que vivir acá no es la “maravilha” que todos creen, a pesar de que ya perdí la cuenta de las veces que viajé acá, en éste viaje noto que muchas cosas cambiaron, sin embargo no te encontrás con el modus vivendi argentino, la queja, y creo que preserva el corazón de muchos.

Espero equivocarme, pero Brasil va caminito a ser un espejo de la realidad argentina. Los noticieros tanto en Brasilia como Fortaleza, solo hablan de crímenes, acá también te matan por dos pesos, o dos reales en éste caso. La corrupción baraja y juega su mano compitiendo con Argentina.

En Brasilia, el sistema de salud creo que es lo peor que ví en mi vida, porque no solo no funcionan los hospitales públicos, sino también quien tiene prepagas muy caras es mal atendido. Un asesor gubernamental de Brasilia, acabó muriendo, porque tenía un infarto, y su prepaga carísima lo derivaba de un sanatorio a otro diciendo que ellos no cubrían la atención y su deceso ocurrió en la tercera clínica, si, el asesor gubernamental, siendo el gobernador médico.

Los taxistas de aeropuerto, pretenden robarte del mismo modo que los de cualquier aeropuerto del mundo, y la atención no es la misma con el turista, la que otrora hiciera distinguir a los brasileños. Los empleados de más de 40 años, continúan con la misma cortesía que hiciera famoso a Brasil, pero los que tienen entre 18 y 30 años, trabajan a reglamento con cara de enojados y dando la atención mínima, y hablo de hoteles cuatro estrellas.

Soy una persona que puedo decir que Brasil es prácticamente mi segunda patria, no quiero que se derrumbe, mi hijo tiene doble nacionalidad y ama a este país, y si el lo eligiera como patria, yo también lo haría, o sea, no es hablar mal de este pueblo maravilloso, es sentir que las cosas no cambian para bien.

Quizá la diferencia entre nosotros y ellos radique en el fuego interior que tenemos para la queja, y ellos para la resignación. Acá la gente no es que no sepa lo que pasa, sigue su vida resignado, mientras que nosotros nos quejamos por televisión, por twitter, por cuanta red social haya, lo que nos une es que ni ellos con su resignación ni nosotros con nuestra queja hemos modificado nada, y eso da mucho que pensar.

El pueblo brasileño perdió la esperanza, el argentino se quedó en ella. La mirada de éste brasil es de quien solo trabaja y reza para no perder ese magro sueldo que le alcanza para comprar un kilo de feijao, el argentino continúa viviendo en las utopías, porque dentro de la queja sueña con que va a cambiar al país pero no hace nada concreto para hacerlo, porque vivimos muchos dentro de trabajos no calificados, soportando presiones y angustiados para no quedar en la calle, comprando cada vez menos, bajando las marcas mientras que diabólicamente nos dicen que no hay inflación y que la inseguridad solo es una sensación.

América latina, o como la llaman acá “América latrina” (en español, América letrina) está siendo manejada por corruptos, miramos horrorizados lo que nuestra presidente y sus secuaces están robando a manos llenas, haciéndose multimillonarios a costa del hambre del pueblo, y solo nos quejamos por las redes sociales, nos peleamos con amigos y familiares porque no soportan que uno no esté de acuerdo con el otro, y finalmente los dos bandos van a quedar destruidos. Toda América del sur, miró la asunción de un presidente inconsciente, que ni siquiera juró, pero solo se hacen bromas por facebook.

Yo no quiero una revolución, lejos estoy de ello. Soy partidaria del viejo refrán de que a las armas las carga el diablo y las descargan los estúpidos, pero pienso que civilizadamente tiene que haber un camino para cambiar las cosas. Me gustaría, por ejemplo que cada vez que alguien publica pruebas de enriquecimiento ilícito de nuestros gobernantes, algún fiscal actúe de oficio, y que la causa “por obra de Dios” no caiga en uno de los jueces más corruptos de la historia argentina.

No podemos ver a nuestro país como un auto robado y que esos delincuentes de ropa y accesorios caros, lo desarman llevándose las piezas más valiosas para uso propio.

¡Basta de quejas! Tenemos que reunirnos los ciudadanos de buena voluntad, y encontrar el mejor camino a la victoria, sin un frente destinado a robarse todo.

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