Mirando la vida con un filtroNacemos con una sola certeza, de que en algún momento vamos a morir. La meta está allá, habrá bifurcaciones, “entretenimientos”, pero la muerte está acechándonos, a tal punto de que cada segundo estamos más cerca de ella.

Nadie sabe que pasa, adonde vamos luego de pasar el umbral. Muchos tratamos de leer a diferentes sociólogos, pisicólogos, filósofos y cuanto sabio o pseudo sabio opine, pero la realidad es que ellos hablan desde su punto de vista, como nosotros podemos nutrirnos del propio, nadie sabe con certeza adonde será la última morada del alma, aunque la del cuerpo esté en una urna o un cajón.

No entiendo por qué nos complicamos la vida, sabiendo de que vamos hacia la muerte. Por qué el odio impera en la sociedad para que no podamos disfrutar de este paso que sabemos es limitado.

Algunos mueren en su juventud, enfermedades, accidentes, o lo que que hoy es lamentablemente común mueren asesinados.

Los que llegan más allá, la última estación en que bajan, es la de la ancianidad, y si bien hay excepciones, la mayor parte de los mortales no la transitan de un modo tranquilo.

Hoy veía a mi madre, con sus 88 años anda por la vida con la cáscara impecable pero el relleno ya está mal. Pensaba en una de sus discapacidades, que es la sordera, y me preguntaba por qué la naturaleza no fue un poco más generosa con ella, cuando la mente falla hubiera sido mucho mejor haber perdido el don del habla y haber mantenido el de escuchar, inclusive hubiera parecido un poco más sabia.

La vejez es mucho más cruel que las bromas de la infancia o la adolescencia, ya que éstas solo con tener una fuerte personalidad, es suficiente para que no te hagan mella, pero la vejez no perdona, está ahí para destruírte poco a poco, para poner una máscara siniestra a las cosas que en vida hiciste.

No estamos excentos. Desde hace años que la vejez me muestra su cara siniestra, hace varios años mi abuela murió de la peor manera posible, era víctima de Alzheimer, y hoy veo día a día a mi madre cayéndose por el barranco de la locura.

Pienso que la vejez hoy es peor que hace 30 años atrás, en esos tiempos los viejos se aceptaban como tal, hoy luchan contra el tiempo, en un combate en el que inevitablemente van a perder, quedando como personas ridículas.

Y ahí están, estrellas del cine o la TV con caras espantosas, con labios engordados con colágeno y cara de sorprendidas creyendo que le ganaron un round a la vejez, sin darse cuenta de que están a punto de perder por Knock Out.

Por eso, hay que aprender que no hay que luchar contra las arrugas sino contra las lagunas mentales, hay que nutrirse de buena literatura, de buena música, la longevidad a cierta edad no es más digna con bótox, todo lo contrario, la dignidad la dá no hablar estupideces y saber callar cuando se debe.

La vejez es triste, pero más aún encerrada en una máscara siniestra de botox, colágeno e ignorancia.

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