Lady TremaineA pesar de que en los cuentos son las malvadas, en la vida real supieron modificar esa imagen a su favor, en tal grado que hasta sería bueno sugerirle a algunos políticos, que las consulten. Son las viejas malvadas de la vida real, que poco tiene que ver con la imagen que todo el mundo tiene de ellas, las viejitas bonachonas, abuelitas ideales de cualquier ser humano.

Obvio que no estoy sola en éste mundo, sufriendo la maldad de una vieja sin límites ni escrúpulos en su demoníaca actuación, debe existir más gente que las ha soportado, quienes de no ser así ni se hubieran atrevido a ponerla en sus cuentos.

No todas las viejas son malas, y sería injusta no mencionar a mi abuela, quien fue el ser más maravilloso que existió en éste mundo, la persona que para mí es mi verdadera madre, quien me enseñó a ser mujer y fundamentalmente a ser madre. Se fue en 1998 y para mí comenzó mi orfandad.

Tomé contacto con la realidad de que era hija del ser más siniestro y macabro, cuando sólo tenía 6 años. La señora F. se dedicó a manipular, ese fue su destino en éste mundo. Nuestra familia estaba compuesta por mi padre, mi hermano y yo. Ella se había ido de su hogar de origen muy chica, y se vino de Entre Ríos a Buenos Aires, olvidándose de todos. Vino a trabajar de criada, y eso la transformó en una resentida total.

Crecí sin conocer a mi familia materna. Hacía lentamente un collage de las historias que ella contaba, que con el tiempo pude comprobar que era una bolsa de mentiras.

A mis 6 años, ocurrió un incidente que me la pintó de cuerpo y alma. Ella siempre me odió, sólo por una razón, jamás pudo manipularme. Mi pobre hermano que intentaba ser un chico común y corriente tenía un amigo, Alberto que por supuesto para su control personal ella era amiga de su madre. Un día, dicen que mi hermano estaba enfermo, y que al pedirle los deberes a su amigo, se los dieron cambiados situación que llevó a que mi hermano no estuviera en el “cuadro de honor”, que simplemente era una estupidez de la década del 60. Eso llevó a una guerra a muerte con la madre del amigo de mi hermano, y a mi hermano la prohibición de que le hable a su amigo.

Al poco tiempo de los hechos relatados anteriormente, un día estábamos saliendo de casa mi padre, mi madre y yo, a alguna visita al médico para ella, ya que la manipulación con mi padre era esa, hacer siempre el papel de enferma. En la calle y cuando pasábamos para subir al auto, estaba la archienemiga de mi madre (la madre del ex amigo de mi hermano) conversando con una vecina. Recuerdo que lo mira a mi padre y le dice “esas se ríen de mí” mi padre va a increpar a las dos mujeres que no sabían nada por qué éste señor tan culto y educado las había atacado verbalmente. Ahí me dí cuenta de lo que era capaz esa señora que legalmente era mi madre.

Llegué a séptimo grado. Me piden la libreta de matrimonio de mis padres, mi poca curiosidad por ese entonces hizo que ni la abriera para leer. Por ese entonces yo creía que mi madre se llamaba Elsa Marzialis y tenía 35 años. Dos compañeras me sacan la libreta y las veo riéndose. Les pregunté de qué se reían y me dicen: del nombre de tu mamá… no podía entender a que aludían, le saqué la libreta, el nombre de mi madre no tenía nada que ver con el que yo conocía, y lo peor de todo, ni siquiera su edad, ya que tenía 15 años más de los que creía. Tenía 12 años y no sabía quién era mi madre.

Cuando tuve 33 años busqué a su familia, necesitaba conectarme para saber quién era. Después de comprobar que las historias que ella contaba de su familia eran todas mentiras, inclusive su apellido que figuraba en su documento, su hermano mayor me dijo que mi madre estuvo en su adolescencia en Buenos Aires en custodia del Juez de Menores, que para eso mi abuela tuvo que viajar a Buenos Aires. Al preguntarle por qué, mi tío se puso blanco y me dijo: “si tu madre no te lo dice, yo me lo voy a llevar a la tumba”.

Así fue, mi tío dos años después de ésto muere en un absurdo accidente… y yo quedé sin saber un hecho que podría llevarme a comprender su maldad.

Desde que tengo uso de razón a hoy que ella tiene 88 años, su maldad crece día a día. Los achaques de la vejez han exacerbado su comportamiento. Ni siquiera tiene temor qué va a pasar el día que en que ya no esté acá. Anda caminando con estampitas de todos los santos y vírgenes, así como dos estatuillas una de María la que desata los nudos, y de Nuestra Señora de Fátima, creyendo que los Santos y las Vírgenes la van a proteger después de que pase el umbral.

La historia cómo seguirá? Esta mujer despierta cosas en mí que jamás pensé que existirían, mi parte más oscura toma protagonismo e intento llenarme de luz. Quizá algún día pueda exorcizarla con algún personaje siniestro, la villana que aún no se conoció en historia alguna, esas que dan ganas simplemente de que desaparezcan, porque nos recuerda de que siempre hay lugar en éste mundo para la maldad extrema. O acaso creían que no podían vivir como zánganos los siete pecados capitales en una persona, los invito a conocer a mi madre, será la certeza de que el mundo es la lucha del bien contra el mal.

Anuncios