Hoy pensaba en qué se diferencia nuestro maravilloso S XX con el mundo del XXI y una de las cosas que marcan la diferencia son los rótulos.
No quiero hacerme la vieja sabia a pesar de que soy parte de la Generación que se llamó X o sea fuimos gente muy profunda, pero si había algo que nos caracterizaba era la carencia de rótulos porque considerábamos que no era importante.
Si salíamos con alguien, era eso. No había novios, novias, maridos, mujeres, esposos o amantes, era simplemente estar, sentir, amar. Y el no rotular se trasladaba a todo, y juro que era un mundo mejor.
Hoy cada violencia escolar tiene un nombre, sin embargo a pesar de haberla bautizado ésta crece día a día.
Cada paso, cada procedimiento, cada acción tiene identidad, pero ésta se devoró las acciones para solucionar eso que hoy tiene nombre que antes no lo tenía pero estaba ausente de la gravedad presente en el aquí y ahora.
Lo peor de todo es el mal uso y abuso que tienen los rótulos. Hace unos días en Twitter una funcionara pública hizo un comentario fuera de lugar, dije que la respuesta de ésta señora no era para celebrar; la funcionaria en cuestión me respondió “vos sos una Barbie y a pesar de eso no te discrimino”. Me quedé pensando que quizá a los 15 años me hubiera gustado que me digan Barbie pero hoy no venía al caso, la cuestión fue la necesidad enferma de ésta señora de rotularme de alguna manera.
En un mundo ideal no importa el nombre, si el tratamiento y la solución, elementos que hoy están ausentes y que para ésta sociedad llena de colágeno y botox sería un absurdo.

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