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¿Ustedes creen que no me hubiera gustado mantenerme exactamente igual que en la foto? Acertaron, me encantaría mirarme en el espejo y verme así,  pero el tiempo es implacable y se nota, aunque sería lindo volver a ésta imagen con la sabiduría de hoy, ¿será posible?
Mientras algunas nos conformamos con un buen corte de pelo y conservar un físico presentable, las que fueron en otras décadas chicas de tapa, no toman conciencia de que la gravedad va llevando todo al piso, y en la desesperada carrera por mantener lo que se pueda terminan perdiendo.
Ayer volviendo de mi trabajo, al bajar del colectivo me paro en el semáforo para cruzar la avenida Cabildo. Adelante mío estaba una mujer que fue chica de tapa en los 80, en principio no la reconocí, simplemente me llamó la atención de la manera que caminaba, era un robot de metacrilato. La miré y me dí cuenta de quien era.
Las otroras bellas mujeres que aparecen hoy en televisión y gráficas,  de las que todos dicen que están espléndidas, se encuentran de esa manera para formar parte de un museo de cera, pero al caminar se ven mucho más viejas de lo que son.
Una vez leí que se invertía demasiado dinero en mantener los penes y los pechos erguidos, pero que cuando pasen cierta edad, las mujeres tendrán los pechos turgentes y los hombres su miembro erecto, pero ninguno va a recordar para que servía.
Disfrutemos cada etapa de la vida, y tratemos de mantener en ejercicio, el único músculo que nos va a salvar del ridículo, el cerebro. Si el espejo si nos devuelve una muñeca de cera, el único que se va a sentir feliz es nuestro ego, y a ese señor es al que menos necesitamos al emprender la mejor ruta, nuestro camino interior.

Patricia Sierra, desde Buenos Aires, República Argentina

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